No engaña la cabeza. En los cines de verano antiguos las estrellas se encendían cuando se apagaban las luces. Si el niño había escogido mal o si había tenido que unirse al plan de los demás y la película estaba llena de puñetazos de coreografía y malos de atrezo, siempre estaba el recurso de mirar hacia arriba y encontrar la bóveda oscura y las estrellas bordadas que hacían formas caprichosas que no era capaz de interpretar y que guiñaban, llamaban la atención y a medida que crecía le iban hablando de su insignificancia en un mundo tan grande. Читать дальше...