«Mi querido hermano: lo mejor de esta vida quizá sea ridiculizar nuestras pequeñas miserias y acaso también un poco las grandes. Actúa como hombre y camina derecho hacia tu meta. Nosotros, artistas en la sociedad actual, no somos más que cántaros rotos», le escribe Vincent a su hermano Theo . Hace dos años Jonás Trueba nos descubrió 'Van Gogh' , la fascinante película de Maurice Pialat . Si no las has visto, eres un ser afortunado, estás aún a tiempo (Filmin). Nadie ha contado en cine la vida de ningún artista como lo hizo él. Y para mí una de las mejores películas que haya visto nunca. Naturalidad en estado puro. Tampoco nadie, creíamos, había pillado mejor en cine el final del siglo XIX… Hasta este verano: Filmin acaba de subir a su plataforma 'La casa del bosque' , también de Pialat. Es una miniserie de 1971. Una de las mejores que nadie vaya a ver jamás. Reconstruye la vida de la familia de un guardabosques que acoge a tres niños parisinos a quienes sus padres quieren preservar de la Gran Guerra. Harías una tontería si te mueres (pongamos que dentro de cincuenta años) sin haberla visto. Que el cine, hecho a trozos y a menudo a patadas por docenas de personas extrañas entre sí trabajando al mismo tiempo (y en general a voces), produzca obras maestras como esta, es prodigioso. Quiero decir que nadie se explica que de «eso» que es el cine nazca «esto» que es la vida suma. No haberla visto antes es una más de nuestras imperdonables distracciones. Y cuánto sentido tiene que estos descubrimientos hayan venido de nuestro amigo Jonás, a quien tanto debe ya el cine español (lo sepa el cine español o no se haya enterado todavía). Más atentos quizás en Francia. El Pompidou organizó hace unos meses al joven director madrileño una retrospectiva, y le pidió que respondiera, cine mediante, la pregunta «¿Dónde estás tú?» . La respuesta de JTrueba fue 'Vistillas' , el barrio de Madrid en el que vive. Es una película hecha con la cámara de su teléfono y una duración inasumible en sala (veintisiete minutos). La prueba de que los artistas modernos son, como decía Van Gogh, cántaros rotos. Un poco a lo Mekas, que llamó «also known Diaries, Notes & Sketches» a su película más famosa, 'Walden'. Como Jonas Mekas y el inagotable David Perlov (sus maestros, tanto como Rohmer), tiene 'Vistillas' mucho de un diario. Lo que cada uno de nosotros podría, acaso, filmar con su móvil si fuéramos por la vida un poco menos distraídos. La demostración de que a la poesía y la novela no hay que ir a buscarlas a lugares exóticos. Hace años, un catedrático español estorbó que se hiciera una tesis sobre los diarios de un escritor: «Con la vida cotidiana no se puede hacer literatura», sentenció. La prueba de que, como diría Azúa, no todos los buenos son inteligentes, pero sí que los idiotas además suelen ser malos. ¿Qué son el 'Quijote' o 'Miau' sino vida cotidiana? 'Vistillas', hecho de secuencias breves y planos a menudo cortos, es, sobre todo, el montaje. Si nos dejaran ordenar nuestra vida en una sala de montaje, con libertad de descartar de ella las tomas falsas y nuestras pifias, no sería nada extraño que resultara todo el mundo bastante mejorado. 'Vistillas' es una película melancólica (nada como en la vida cotidiana se hace tan evidente el paso del tiempo) que vierte sobre la realidad una mirada piadosa. La misma que puso Pialat en 'La casa del bosque'. «Es una cosa muy, muy pequeña y frágil, casi de juguete... Pero bueno, es una película bastante sentida y personal», ha dicho de la suya JTrueba. Se estrenó en el Pompidou y se verá en el Festival de Toulouse, en uno de Lisboa, en otro de Logroño, en otro de León… y en unos días en el portal del mismo Pompidou. Basta con que estés atento. No esperes cincuenta años a verla. Cuando todo el mundo está hablando del Odiseo de Nolan , se siente uno más atraído por estos domésticos y cotidianos Ulises que deambulan por Auvers-sur-Oise (donde transcurre 'Van Gogh' y los otros pueblecitos del Oise, de 'La maison des bois'), Semeniškiai (la aldea lituana de donde salió Mekas), Tel Aviv y São Paulo (los 'Diarios' de Perlov) o estas 'Vistillas', sin distinguir prosa y poesía y, oh milagro del arte, oh milagro del cine, que va poniendo en su sitio los trozos del cántaro quebrado, hasta darles de nuevo su forma primitiva, aún más bella y prodigiosa, como sucede en toda resurrección.