El hechizo del ciclismo, su increíble magnetismo se expresa en la niebla que cubre el Angliru, en el atroz padecimiento de los ciclistas que quedan desperdigados por sus cuestas, en las tremendas rampas por las que un coche solo puede avanzar en primera marcha, los Picones, La Cueñas les Cabres, los Pelusines. Un puerto feroz que devora a los ciclistas, sus programas de entrenamiento, sus ilusiones. Se come a Ayuso, a Enric Mas, la motivación de Mikel Landa y sus Baréin, medio pelotón empujado porque... Читать дальше...