Mientras su padre atiende a los medios de comunicación en la zona mixta del Metropolitano, un crío de apenas tres años y medio asoma la cabeza y curiosea por detrás de la valla publicitaria. Es Alessandro, el hijo de un Juan Musso convertido, una vez más, en el sostén del Atlético en los tramos más críticos de la eliminatoria ante el Barcelona. Al guardameta le tocó comparecer para explicar sus sensaciones tras frenar a la vanguardia culé con varias intervenciones de mérito. Lo hacía mientras observaba de reojo a su retoño, vestido también de portero y con una expresión de no alcanzar a comprender todavía la magnitud del escenario. Más allá de los dos goles encajados, la actuación del argentino volvió a ser superlativa. El de este martes era su séptimo encuentro consecutivo como titular, pero el primero con Jan Oblak en el banquillo tras recuperarse de sus problemas físicos. Al esloveno, indiscutible hasta la fecha, le tocó aguardar entre los suplentes; una decisión comprensible dadas las circunstancias del choque, pero que inaugura un debate inevitable sobre quién custodiará la portería rojiblanca de aquí al cierre del curso. "Ambos son futbolistas extraordinarios. Mantengo charlas fluidas tanto con Jan como con Juan. Saben que busco lo mejor para el grupo", explicó Simeone de forma escueta sobre el dilema que se le avecina. "Los necesitamos a los dos y es una gran noticia que ambos estén en plenitud". El técnico no quiso aclarar -quizás porque ni él mismo lo ha decidido- si pesará más la jerarquía y el legado acumulados durante una década por el primero, o el excelente momentum competitivo del segundo. Lo más inmediato para el Atlético es la final de la Copa del Rey de este sábado. La posibilidad de alzar un nuevo título ilusiona tanto o más que verse entre los cuatro mejores equipos del continente. Por ello, el duelo ante la Real Sociedad no parece el escenario idóneo para el regreso de un Oblak que no disputa un solo minuto desde el pasado 10 de marzo, justo antes de sufrir esa dolencia en el costado que lo ha mantenido inactivo hasta hace escasos días. El torneo del KO ha sido, además, la parcela elegida por el Cholo para dar rodaje a Musso. El bonaerense participó en las cuatro eliminatorias previas (Atlético Baleares, Deportivo, Betis y Barcelona) con un rendimiento excepcional: cuatro porterías a cero de cinco posibles. Todo indica que será él quien forme de inicio en La Cartuja. Sin embargo, el escenario posterior es una incógnita que solo habita en la mente de Simeone. Tras la final vendrán dos jornadas de Liga, ante Elche y Athletic, antes de encarar las semifinales de la Champions. Si Musso se mantiene en el once, estaríamos ante un cambio de ciclo histórico bajo los palos del Atlético. No en vano, tras doce temporadas ininterrumpidas, Oblak se ha convertido en el extranjero con más partidos en la historia del club y el tercero en el cómputo global, solo por detrás de leyendas como Koke y Adelardo. Curiosamente, Oblak alcanzó la titularidad gracias a un infortunio físico. O, mejor dicho, a dos. Al igual que sucede ahora, el esloveno padeció un problema en el costado nada más aterrizar en el Manzanares en el verano de 2014. Aunque llegó con vitola de estrella, aquel percance le situó por detrás de Miguel Ángel Moyá en la rotación. Su único bagaje en los primeros seis meses en Madrid fue el debut en Champions, donde el Atlético cayó 3-2 frente al Olympiacos. La segunda oportunidad, la definitiva, llegó cuando Moyá se rompió en la vuelta de los octavos de final de esa misma competición ante el Bayer Leverkusen. El mallorquín se retiró a los veinte minutos por un pinchazo en el muslo y Oblak terminó erigiéndose en el héroe de la tanda de penaltis. Desde esa noche, nunca soltó el puesto. Más de diez años después, es otra dolencia en el costado la que amenaza con apartarle definitivamente del arco colchonero. Todo ello enmarcado en el ruido de los rumores que sugieren que Oblak, a sus 33 años, podría no cumplir los dos años de contrato que le restan ante la tentación de una oferta millonaria procedente de Arabia Saudí.