¿De qué va esto?
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Una situación que ha permitido el endeudamiento masivo de particulares, empresas y, sobre todo, administraciones que han visto como la carga de la deuda disminuía a pesar de que el volumen del endeudamiento ascendía sin parar. Una vez que trasmitía mi preocupación por el endeudamiento exagerado a un conocido experto en finanzas corporativas, me respondió impertérrito: «No seas tonto, hoy en día las deudas no se pagan, se rentabilizan». Me quedé atónito, pensé que tenía bastante razón y estuve a punto de pedir a mi universidad la devolución de la parte de la matrícula correspondiente a lo que nos enseñaban al respecto. Aquello tan bonito de que las deudas se honraban con su devolución a vencimiento. ¡Qué tiempos tan extraños, qué costumbres tan exóticas!
La presidenta del BCE asegura que ya no tiene sentido ser rígidos y que resulta conveniente flexibilizar el objetivo porque no pasa nada si se sobrepasa el límite temporalmente. Prefiere mantener el apoyo financiero a una economía como la europea, que no acaba de despegar y que sufre para seguir el ritmo de China y de los EE. UU.. La justificación es convincente. Pero, no sé yo. Más bien sospecho que la situación de endeudamiento de las administraciones públicas es tan terrible que sus presupuestos no soportarían la carga extra de unos tipos superiores. Por eso constituye una prioridad máxima garantizarle a los estados un flujo abundante y barato de financiación para evitar el ’gripaje’ de la maquinaria. Si la idea es cierta o es fruto de un exceso de suspicacia lo podremos comprobar pronto. En cuanto pase la pandemia habrá que hacer planes de consolidación fiscal. Veremos si su ritmo es pausado o frenético.
