LAR no era una editorial
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Nieto Pereira militaba, allá por 1980, cuando el caso, en una congregación bautizada como Loita Armada Revolucionaria, o sea, LAR, tal que aquella famosa editorial de Leandro Carré, vaya por Dios. Y fue la cosa que, necesitados de liquidez los congregantes, el Nieto y otro que tal tuvieron la ocurrencia (hay gustos que merecen palos) de atracar la modesta oficina de una caja de ahorros que caía por Pereiro de Aguiar, raíz del padre Feijoo. Fue todo visto y no visto: el atraco se produjo a las once de la mañana y a la una de la tarde ya estaban los cofrades detenidos en comisaría, con los respectivos calzoncillos pidiendo por favor que los metiesen en la lavadora y ellos, o sea los usuarios de la prenda, cantando la jota de los Ratas, de don Federico Chueca.
No quedó ahí la impericia de los atracadores, sino que fue el episodio todavía más chusco y digno de lástima: con las prisas, los nervios y la cagalera, los pobriños alcanzaron a llevarse 300.000 pesetas, pero se dejaron 500.000 que estaban en el mostrador, a la vista de todos y al alcance de la mano.
A mí, estas cosas me mueven a lástima. Y por eso me inspira un poco de ternura el tal Nieto Pereira: por tonto, quiero decir. ¡Quién lo verá ahora en el Ayuntamiento madrileño, con los gayumbos recién almidonados y defendiendo una moción para que el parque del Retiro sea trasladado a Vallecas o pidiendo a voz en cuello la desecación del lago de la Casa de Campo!
