No hacía falta el horror de estos días para abrir los ojos en lágrimas. Cualquier observador atento, incluso cualquier persona con curiosidad por la Historia, sabe que el acuerdo de 1948 no culminó en una demarcación de fronteras sino que fue el principio de un genocidio. Un genocidio permanente e ininterrumpido o, lo que es peor, hipócritamente interrumpido a plazos. En Gaza no hay un conflicto bélico, sino el holocausto de Hitler en reedición de Netanyahu. El que no quiera verlo está ciego. Y el que se cruce de brazos será cómplice. Читать дальше...