A Rajoy nunca se le ocurrió (en realidad casi nunca se le ocurría nada) la idea de hacerse la víctima de la corrupción de su partido. Y si se le hubiese ocurrido, la mayoría de sus votantes y la totalidad de sus aliados lo habrían mandado a esparragar y expulsado del poder a gorrazo limpio. Sánchez y los suyos, en cambio, no sólo se proclaman la solución de su problema sino que en vez de asumir responsabilidades hacen pucheritos de contrición y tristeza; sólo les falta decir que lo que les ha pasado... Читать дальше...