Un hombre de 50 años entra en una comisaría de Barcelona. Estamos en 2008 y el tipo no tiene nada de especial, es más, tanto su físico como su actitud reúnen todos los requisitos para hacerle instantáneamente olvidable. También resulta anodino su propósito, renovarse el DNI, pero la cosa cambia cuando, al llegar su turno, se sienta en la mesa que le corresponde, frente a una funcionaria con pinta de estar pensando en otra cosa, y saca su documento caducado, grande, de color azul y con el escudo franquista en una esquina. Читать дальше...