Es temporada de amenazas. Regresa el postureo que convierte cada codazo por dirimir una mayoría autonómica o un veto municipal en un divertimento ocioso. Retorna el cansino desfile de egos para complicar la lectura de las urnas y las alianzas que el electorado ha sugerido. Por eso, al final del enredo confuso todo será más natural que sorpresivo. Pero mientras dura, los órdagos, las amenazas, los chantajes y los «cordones sanitarios» animan un espectáculo orgiástico -todos con todos- para que no decaiga. Читать дальше...