El vasto legado que la Exposición Iberoamericana de 1929 dejó en Sevilla va más allá de los pabellones y el estilo regionalista del que se ha impregnado la arquitectura de la ciudad hasta nuestros días. El espíritu del 29 alcanzó muchos ámbitos de la capital hispalense, incluido el botánico. No en vano, los Jardines de las Delicias cuentan con un ejemplar de ébano negro plantado junto al Pabellón de Marruecos en vísperas de la exposición que actualmente, casi cien años después, se encuentra medio seco y abandonado a su suerte. Así lo denuncia la Asociación de Defensa del Patrimonio de Andalucía (Adepa), que destaca que esta situación se ve agravada por el desconocimiento general acerca de la presencia de esta especie única en Andalucía que no cuenta siquiera con un cartel que identifique su nombre y origen, y que tampoco está registrada en el libro de árboles singulares de Sevilla. Sin embargo, se trata de una situación reversible, como expresa a este periódico Juan Cobano, consejero directivo de la asociación. Por ello, con el centenario de la Exposición Iberoamericana en el horizonte y en plenos preparativos de su conmemoración, se hace un llamamiento para darle el protagonismo que merece saneando este árbol único en su especie , mejorando su situación y dando a conocer su fascinante historia, que se remonta a la Sevilla de hace un siglo. El ébano negro es originario de la selva colindante con el golfo de Guinea, donde hay ejemplares que superan los 25 metros de altura. De hojas perennes, sus frutos son bayas de color amarillo comestibles. Era admirado como árbol mágico o de los dioses por los indígenas, que preparaban infusiones con sus hojas y corteza. Su madera es conocida por ser una de las más valiosas del mundo. El que sobrevive en Sevilla llegó procedente de la aún Guinea Española en 1928 , cuando la comisión gestora y el comité consultivo de la Exposición Iberoamericana, controlado directamente por el Estado en la figura de José Cruz Conde, decidieron traer un ébano y varias muestras de tablas, cortezas y semillas para exponerlas en el Pabellón de Guinea y de paso aumentar las ventas de las cotizadas maderas nobles, recuperando parte del dinero invertido en la exposición. El ébano partió desde África hacia Sevilla en el buque Joaquín del Piélago en otoño de 1928. Eran 3.400 millas y el tiempo apremiaba. El viaje por el Atlántico se prolongó durante dos semanas. El mencionado árbol no era el único ser vivo transportado hasta la capital hispalense, ya que también se introdujeron animales como gorilas, iguanas, monos e incluso un leopardo llamado Momo. Plantado frente a la avenida de Moliní, el árbol se adaptó perfectamente al clima y el terreno. Durante la exposición se convirtió en la especie vegetal más visitada, puesto que todas las noches había fiestas y bailes indígenas junto a él. Con el paso del tiempo y el desmantelamiento del pabellón, el ébano fue cayendo en el olvido. Sin embargo, siguió en un estado de salud envidiable al cuidado de Parques y Jardines hasta hace no mucho. Desde la apertura en verano de 2014 de un restaurante en los aledaños del árbol, el abultado tránsito de vehículos junto al mismo comenzó a romper y tronchar sus ramas, por lo que hubo que podarlo, sanearlo y remangarlo, perdiéndose el porte de su copa, pero evitando daños mayores. Sin embargo, el peso de los camiones y furgonetas durante este periodo también le ha afectado seriamente, asfixiando sus raíces. Además, en los últimos años, el tronco del ébano ha sido vandalizado con heridas muy graves, dándose la circunstancia de que, al ser el primer árbol al entrar al jardín, muchos animales hacen sus necesidades sobre él. Por todo ello, Adepa, tras varios años de estudio, presentará a la delegada y la directora de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Sevilla una propuesta para recuperar la buena salud del árbol y ponerlo en valor, el denominado proyecto 'Ébano negro legado del 29' . Este se basa en trasladar la puerta del parque unos metros para evitar el constante paso de vehículos, personas y animales; analizar el suelo sobre el que se asienta para comprobar sus condiciones; corregir el PH y cambiar el ácido albero por mantillo, mucho más favorable para el árbol; rodear el ébano con un rosal sevillano para evitar que se pisen sus raíces; incluirlo en el libro de árboles singulares de Sevilla e instalar una placa que lo identifique y explique su historia, promoviendo que se programen visitas guiadas. Estas acciones servirían para recuperar un monumento vivo y superviviente del 29, algo «vital tanto para preservar su valor histórico y cultural como para fomentar la conciencia sobre la relación histórica entre España y Guinea, así como de Sevilla y sus árboles centenarios», tal y como señala Juan Cobano. Aún estamos a tiempo de salvar, sacar lustre y revalorizar el rico patrimonio de la Exposición del 29 pese a que sólo quedan menos de tres años para que cumpla un siglo.