El ciclo del agua se está volviendo errático. Una proporción inédita de ríos a nivel mundial está con caudales exiguos, las aguas subterráneas están en mínimos y a penas un tercio de las cuencas hídricas mundiales está en condiciones «normales». Según un informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) publicado este jueves, 2025 ha sido uno de los años más secos en los ríos de todo el planeta en 30 años, pero no es un problema puntual. Hay un cambio sistemático. La reserva hídrica mundial lleva más de 10 años disminuyendo. No es la primera advertencia sobre la disponibilidad del agua dulce a nivel mundial. En enero, un grupo de expertos de la ONU avisó de que «el planeta ha entrado en la era de la bancarrota hídrica global ». El agotamiento de los recursos se ha extendido a todas las fuentes: ríos, suelos, lagos, acuíferos, glaciares, humedales. «Han sufrido daños que superan cualquier perspectiva realista de recuperación completa», advertían. «Las reservas mundiales de agua continental no han dejado de disminuir desde 2014-2016, una tendencia que persiste desde hace ya un decenio», confirma ahora la secretaria general de la OMM, Celeste Saulo. Nunca desde principios de los 90 había habido tan pocos ríos con caudales «normales» como en los últimos siete años. En concreto, solo un 36% mantenía un caudal normal, a pesar de que lo habitual hasta hace unos años era que en torno a la mitad de las cuencas del mundo (46%) se movieran en caudales medios. Es más, en los últimos siete años los ríos en condiciones normales nunca han sido más del 38% del total mundial. En cuanto a 2025, hubo otro 36% de ríos con un caudal bajo y otro 21% tuvo un caudal por encima de lo normal que no compensó la situación global. «En general, 2025 fue un año seco en cuanto a caudales fluviales a escala mundial, y uno de los más secos de los últimos 35 años (1991–2025)», dice el informe. Es un situación que preocupa a la OMM, pero matiza: los ríos responden rápido a las condiciones meteorológicas. Si hay un cambio de tendencia en las lluvias, se llenan rápido. El problema es que hay una tendencia deficitaria en otras partes del sistema hídrico que funcionan a largo plazo, en periodos de décadas e incluso siglos, como es el caso de los acuíferos, los glaciares y el manto nivoso. Las principales regiones glaciares de la Tierra llevan cuatro años consecutivos perdiendo hielo y las aguas subterráneas siguen una tendencia similar: prácticamente dos tercios de los pozos estudiados en todo el mundo mostraron en 2025 niveles alejados de los valores históricamente normales. «Estas reservas de acumulación lenta han funcionado tradicionalmente como la 'cuenta de ahorros' del planeta: un recurso que permitía sobrellevar los años malos, de modo que un episodio de sequía o una estación seca no se tradujera directamente en una crisis hídrica. Estamos agotando esa cuenta de ahorros», asegura Saulo. Entre otras zonas, la OMM observa niveles de aguas subterráneas inferiores o muy inferiores a lo normal de forma «persistente y generalizada» en Europa central y oriental, así como el centro de los Estados Unidos, «lo que apunta a un agotamiento acumulativo asociado a una tendencia plurianual de desecación», dice el análisis. Otro parámetro alarmante para la OMM es el almacenamiento de agua terrestre —la cantidad total de agua acumulada en las aguas subterráneas, los lagos y los ríos, la humedad del suelo, la vegetación, y el hielo y la nieve— que muestra un descenso persistente desde el periodo 2014–2016. «Y las áreas con valores inferiores a lo normal no dejan de aumentar», apuntan.