Las personas vivimos rodeadas de dispositivos tecnológicos todo el día. Y no solo porque siempre llevamos en el bolsillo o en el bolso el teléfono móvil. O porque no nos despegamos del ordenador o de la tablet. La realidad es que cada paso que damos lo ejecutamos cerca de uno de estos aparatos. Pasamos el día viendo la televisión, vamos y venimos al frigorífico, echamos un rato con el libro electrónico antes de dormir o en el transporte público, cocinamos en el horno o el airfryer... Y así sucesivamente. Seguro que en muchas ocasiones hemos oído decir que la mayoría de estos aparatos no son buenos. O, al menos, no es conveniente tenerlos cerca tanto tiempo por las ondas que emiten. Sin ir más lejos, hay un aparato que podría ser considerado el rey en el caso de estos perjuicios: el microondas. Pero lo más llamativo de todo es que recientemente ha surgido una corriente que ha puesto al mismo nivel que el microondas otro pequeño aparato que muchas personas utilizan durante buena parte del día, sobre todo cuando tienen que hacer desplazamientos a pie o incluso cuando hacen deporte. Se trata de los auriculares inalámbricos, es decir, aquellos que funcionan vía bluetooth. La cuestión que preocupa a muchas personas es el efecto de su campo magnético y cómo puede afectar este al organismo. Para intentar arrojar luz sobre esta cuestión se han expresado algunos expertos como es el caso de Patricio Ochoa, médico y cirujano especializado en medicina general y longevidad. Este profesional explica el porqué de esta asociación. «El Bluetooth y el microondas usan ondas electromagnéticas muy parecidas, de hecho, operan los dos alrededor de 2,4 GHz. Esto significa que la onda se mueve 2,4 mil millones de veces por segundo». Sin embargo, no debe cundir el pánico, ya que ambos aparatos guardan diferencias muy notables en su afectación al organismo. Para empezar, el doctor Ochoa aclara una cuestión: «Cuando hablamos de física, la frecuencia solo te dice lo rápido que vibra la onda, no lo poderosa que es». Por ello, para hablar de ese poder hay que referirse a la potencia. «Un microondas usa entre 700 y 1.200 vatios de potencia y está diseñado específicamente para transferir mucha energía. En cambio, el auricular usa milivatios, o sea, millones de veces menos de energía que lo que normalmente utilizaría un microondas». Por lo tanto, misterio resuelto y psicosis desmontada. Tal y como explica el experto, la potencia con la que esas ondas inciden en nosotros son clave. «Aunque la onda sea del mismo tipo, la energía que va a llegar a tu cabeza es tan baja que no puede calentar tejidos, dañar neuronas ni alterar tus células». Por lo tanto, no hay nada de lo que preocuparse. Solo de no abusar de su uso ni hacerlo a un volumen muy alto para no dañar los oídos. El concepto que respalda este planteamiento es la tasa SAR, que es la cantidad de energía de radiofrecuencia que absorbe el cuerpo humano. «Las ondas de este tipo de dispositivos son no-ionizantes y por lo tanto no nocivas para el cuerpo humano. Los valores SAR son decenas o incluso cientos de veces más bajos que los límites de seguridad internacionales». Patricio Ochoa concuerda con su análisis con el realizado por los ingenieros de ATL Europa, tal y como recoge el portal 'xataka'.