En la encuesta que la Conferencia Episcopal encargó a Gad3 sobre la experiencia de los asistentes a los más de veinte actos de la reciente visita del Papa a España hay un dato que no debe pasar inadvertido. A los 5.027 entrevistados se les pregunta: ¿Qué mensaje del Papa resonó más en ti? Las respuestas fueron las siguientes: La importancia de la oración y del encuentro personal con Dios, 19%; La importancia de vivir la fe con alegría y esperanza, 17%; La llamada a servir y ayudar a los demás, 13%; Construir paz desde el diálogo, la escucha y la reconciliación, 12%; La importancia de los jóvenes en la vida de la Iglesia, 11%; La necesidad de construir comunidad y caminar juntos, 11%; Cuidar las palabras y evitar la descalificación o la polarización, 7%; La acogida e integración de migrantes y personas vulnerables, 7%; El diálogo de la fe con la cultura y el arte, 2% y El valor del voluntariado, 1%. Pensemos en el número de veces que determinados contenidos aparecen en los discursos papales. Lo que más interesó es lo que tiene que ver con la oración y el encuentro personal con Dios junto con la vivencia de fe. Por lo tanto, la dimensión subjetiva y espiritual. A esto se añade la propuesta de paz y la importancia de los jóvenes en la vida de la Iglesia. Lo que menos caló es lo referido a la acogida de inmigrantes , pese a las veces que León habló de esta cuestión, el diálogo de la fe con la cultura y el arte, quizá porque se considere un ámbito de especialistas, y el valor del voluntariado. Esta percepción selectiva pone en evidencia que el Papa es un guía en la relación personal con Dios y en la forma de entender y vivir la fe, con una genérica dimensión de servicio a los demás, antes que quien hace una propuesta de carácter humanitario. Prima el ser sobre el hacer, un cristianismo de una identidad autorreferente. La necesaria inteligencia de la fe demanda insistir en la dimensión social del catolicismo para superar fragmentaciones.