España está en semifinales después de otro ejercicio de supervivencia donde ese espíritu competitivo del grupo de Luis de la Fuente salió de nuevo a relucir. Porque el Mundial de la selección no será recordado por su gran juego, pero sí por esa capacidad para pelear hasta el final por sacar adelante los encuentros. Se empató ante Cabo Verde, pero desde entonces La Roja cuenta sus duelos por victorias y ya son cinco consecutivas, todo un éxito para un grupo que sufre porque no tiene la frescura que exhibió en la Eurocopa, sin ir más lejos, pero que se apoya en una columna vertebral que es capaz de sostener a España hasta en los momentos más complicados. Ese eje que forman Laporte, Rodri y Dani Olmo es el árbol de la vida de La Roja, al que se suma Mikel Merino con esas apariciones estelares para resolver las eliminatorias al límite del tiempo. 16 años después España transita por el mismo camino que recorrió en Sudáfrica cuando fue campeona. Y aunque el martes espera todo un Everest por delante como es Francia, ahora mismo la selección favorita para ganar el torneo, los de Luis de la Fuente llegan plenamente convencidos en sus posibilidades después de sacar por la vía de la insistencia sus eliminarorias ante Portugal y Bélgica. Visto lo visto en esos dos duelos, a España no se le puede pedir más en esta Copa del Mundo. Porque estar entre las cuatro mejores selecciones del torneo con algunos de sus jugadores más importantes lejos de su mejor versión y con carencias evidentes como tiene, dice mucho del rendimiento colectivo de La Roja. Esos problemas en la circulación o en la profundidad se suplen con toneladas de esfuerzo, con carácter y con esa insistencia que llevó a encerrar a Bélgica en su área toda la segunda parte. Además, España tiene a un Balón de Oro como es Rodri, que ha ido de menos a más en el Mundial y ahora mismo vuelve a ser el mariscal de campo de un grupo que se agolpa en torno a su liderazgo. Al centrocampista del City le costó tomar la temperatura al torneo después de una época complicada para él tras romperse el ligamento cruzado en la rodilla en septiembre de 2024. La operación y posterior rehabilitación añadieron lesiones musculares en 2025 y 2026, lo que complicó el regreso a su mejor versión. Tras el encuentro inaugural contra Cabo Verde, las críticas se centraron en la falta de fluidez en el centro del campo, donde Rodri y Pedri no encontraron soluciones para superar el orden africano. «Me parece insultante que se pueda dudar de Rodrigo, que es el mejor del mundo en su puesto. Incluso al 50 por ciento es el mejor», se quejó entonces Luis de la Fuente, que no dudó en mantener al capitán al frente del timón de La Roja. Pero con España en semifinales, las cosas se ven de muy diferente manera porque ante Bélgica Rodri volvió a ser el dueño del tempo, el líder de un centro del campo que borró a Bélgica y la empujó hacia su portería. Tras él hay que mencionar a un Aymeric Laporte fundamental a la hora de explicar por qué España solo ha encajado un gol en esta Copa del Mundo. El de Agen se entiende muy bien con Cubarsí, ambos están rápidos al corte pero el central del Athletic brilló ayer a gran altura, un valladar que mantuvo a España en los pocos momentos en los que Bélgica se atrevió a ir a por el encuentro. Hablábamos de que Rodri era el dueño del centro del campo y delante suyo volvió a aportar soluciones un Dani Olmo que se ha hecho con la titularidad en las eliminatorias. Es el futbolista que tiene las cosas claras por dentro al igual que sucedió ante Portugal, aunque también como sucedió frente a los lusos, fue irse él, entrar Mikel Merino y decidir el navarro el encuentro. España se sostiene con ellos porque por las bandas volvió a tener problemas. Lamine Yamal insistió mucho por la derecha, pero su segunda parte fue un compendio de acciones improductivas que aun así le sirvieron para llevarse el MVP. El astro del Barcelona sigue con un solo gol en su casillero y ayer se estrelló con Courtois en las ocasiones que tuvo. Tampoco Baena fue capaz de profundizar por la izquierda, mientras que Mikel Oyarzabal se pegó una paliza bajando a apoyar al centro del campo y a entrar en contacto con el balón, pero a costa de estar demasiado lejos de la zona donde ha anotado sus cuatro goles del torneo. Así las cosas, Luis de la Fuente volvió a probar alternativas para reactivar a su equipo en la segunda parte y que mantuviera esa fe, esa insistencia a través de las cuales están llegando las victorias en Estados Unidos. Las cosas le siguen saliendo a la perfección al seleccionador, porque ayer dio entrada en el once a un Fabián que anotó el 1-0. Después siguió agitando a su grupo con las entradas de un Ferran que siempre es un incordio para el rival e inventa pases imposibles, y un Nico Williams que volvió tras dejar atrás su lesión y al que España está echando muchísimo en falta por el costado izquierdo. También dio entrada a un Pedri al que ayer sacrificó porque está lejos de su mejor nivel y al que también se le echa de menos. Pero el cambio de verdad, el ganador, volvió a ser el de Merino por Olmo. Dos minutos y gol para estar en las semifinales. Ahora espera un reto mayúsculo. Una Francia que parece una apisonadora en este torneo y donde España deberá estar a su mejor nivel para lograr la proeza de estar en la final. Pero hasta el martes queda tiempo para saborear esta clasificación.