El sufrimiento es inherente a la vida. Así lo manifiesta el monje budista Karma Tenpa durante su participación en el pódcast 'El Director', presentado por el periodista David Jiménez, donde reflexiona sobre la naturaleza de la insatisfacción humana y el camino hacia una felicidad auténtica. El maestro de meditación formado en la tradición tibetana centra su charla en la riqueza interna y el dominio de la mente frente a la insatisfacción de la vida moderna. Y lo hace en tiempos de resiliencia. Y es que de seguro que habrá escuchado este término tan manido en los últimos tiempos, y que es fundamental para nuestro bienestar físico y mental. De hecho la literatura científica lo define como la capacidad de adaptarse y recuperarse ante situaciones difíciles, puede entrenarse mediante estrategias como la aceptación, el pensamiento flexible y el fortalecimiento del apoyo social. El divulgador defiende durante la charla que la felicidad auténtica no consiste en evitar el dolor, sino en aprender a relacionarse con él desde la compasión y el entrenamiento emocional. El instructor de meditación subraya que asumir el sufrimiento de la vida es clave para alcanzar la paz mental y el bienestar verdadero. «La vida no nos va a ahorrar sufrimiento a nadie, esto es estar vivo. Aunque luego puede transformarse en bienestar», afirma, insistiendo en que la aceptación no implica resignación, sino una forma activa de gestionar las emociones. Durante la conversación, el experto en mindfulness explica que el sufrimiento y la felicidad no son conceptos opuestos, sino estados que pueden convivir. Rechaza la idea de que sufrir más conduzca automáticamente a una mayor felicidad y plantea que todo forma parte de un proceso cambiante en el que la experiencia personal se transforma con el tiempo y la práctica. «Abandonemos esa idea de una vida sin sufrimiento. Es imposible. La felicidad no te la trae Amazon Prime. Da igual lo que hagamos, vamos a tener que pasar por dificultades», sostiene. El monje propone trabajar con ejemplos cotidianos para entrenar la mente, en lugar de centrarse únicamente en grandes tragedias, como por ejemplo un despido o el adiós de una relación. Según detalla, observar cómo reaccionamos ante pequeñas frustraciones permite desarrollar recursos internos como la paciencia, la empatía y la capacidad de cuidado hacia uno mismo y hacia los demás. «Creo que no es que se trate de sufrir menos, sino de observar qué es lo que nos trae sufrimiento y cómo podemos trabajar con ello. Debemos aceptar las realidades. Aprender a fracasr», reflexiona. En este sentido, apunta que el dolor puede activar respuestas positivas, como la solidaridad o el impulso de actuar, y también favorecer el autocuidado. «Puede despertar el cariño, la acción o el sostenernos», señala, aludiendo a gestos sencillos que ayudan a calmar la ansiedad y a generar bienestar incluso en momentos difíciles. «¿Quién no ha sido testigo en su propia vida de que algo que nos ha dolido luego nos ha traído bienestar?», cuestiona durante la entrevista.