De la moción contra Rajoy al banquillo: los argumentos de 2018 que hoy tumbarían a Sánchez
Es fácil imaginar la escena. Alberto Núñez Feijóo decide que es el momento y presenta una moción de censura contra Pedro Sánchez por los numerosos casos de corrupción que asolan al Gobierno. El día del debate, se sube a la Tribuna del Congreso de los Diputados y dice lo siguiente:
"Señorías, la corrupción actúa como un agente disolvente y profundamente nocivo para cualquier país. Disuelve la confianza de una sociedad en sus gobernantes y debilita los poderes del Estado. Pero también ataca de raíz a la cohesión social en la que se fundamenta la convivencia de nuestra democracia, si la sensación de impunidad por la envergadura de los hechos que están siendo investigados [...] se une a la incapacidad de asumir las más mínimas responsabilidades políticas por actores concernidos".
Y sigue: "La corrupción merma la fe en la vigencia del Estado de derecho cuando campa a sus anchas o no hay una respuesta política acorde a la entidad del daño que se ocasione. Y, en último término, la corrupción destruye la fe en las instituciones, y más aún en la política, cuando no hay una reacción firme desde el terreno de la ejemplaridad".
La escena, evidentemente, no es real. Feijóo no ha presentado ninguna moción de censura contra Sánchez y, aunque el debate está más vivo que nunca en esta legislatura, no hay indicios sólidos de que vaya a hacerlo. Sin embargo, hay un elemento de esta secuencia de imágenes que sí es de verdad. Las palabras. Esas frases, exactamente así, tal y como están redactadas, las pronunció Pedro Sánchez.
Aunque sirven para describir su situación actual, no las dijo frente al espejo, sino frente a Mariano Rajoy, el 31 de mayo de 2018.
Este domingo se cumplen ocho años desde que Sánchez presentó su moción de censura contra el anterior Gobierno del PP. Fue la primera en la historia de la democracia que triunfó y la primera vez (no sería la última) que un presidente accedía a la Moncloa sin haber ganado las elecciones generales.
Sobre ese momento histórico se ha escrito mucha literatura. Sin embargo, ahora, con el peso de la actualidad, lo más interesante no está en los análisis políticos que se hicieron sobre esos días, sino en lo que se dijo desde la Tribuna del Congreso y que quedó registrado en el Diario de Sesiones. Lo cierto es que son frases que han envejecido mal. Tanto que hoy, bajo esos argumentos, Pedro Sánchez y sus socios tendrían la obligación moral de presentar una moción de censura al actual Gobierno.
El discurso de Sánchez
Es cierto que la situación política actual y la de 2018 tienen una diferencia notable. Entonces, la moción de censura se presentó tras una sentencia de la Audiencia Nacional en la que se acreditaba que en el PP hubo financiación irregular. Esa es precisamente la línea roja que dibujan hoy los socios de Sánchez y amenazan con pedirle elecciones si se cruza.
Sin embargo, el debate de entonces no se centró exclusivamente en la sentencia, sino en lo nocivo de la corrupción. Y ahí hay muchas frases que son aplicables al contexto de hoy.
Sánchez argumentó que la moción de censura nacía por una falta de inacción ante los distintos escándalos de corrupción que saltaron. "[La moción] nace de su incapacidad, señor Rajoy, para asumir en primera persona las responsabilidades políticas que toda España y la mayoría de esta Cámara le exigen [...]. Responsabilidades políticas que serían automáticas en cualquier democracia homologable a la nuestra", dijo.
"Señorías, en este momento tan grave de crisis institucional, de crisis social, de crisis económica, la mayor irresponsabilidad que se puede cometer sería la de no presentar esta moción de censura contra quien es merecedor de un evidente reproche político por parte de esta Cámara", aseguró, añadiendo que nunca una moción de censura había sido tan "necesaria por higiene democrática".
Esa falta de asunción de responsabilidades ante la corrupción es exactamente lo mismo que hoy le reprochan a Sánchez. También hay una importante crisis económica (aunque el Gobierno no comparta esa lectura), con problemas como la vivienda, o el precio de la compra, que no se mitigan e inestabilidad, ya que no se han aprobado Presupuestos en toda la legislatura.
Sánchez también criticó que Rajoy hubiera tenido que declarar como testigo por los casos que afectaban al PP. "Aquella imagen, señorías, que devalúa la institución a la que representa, constituía un motivo suficiente para su dimisión", aseguró el líder del PSOE. Es verdad que Rajoy fue el primer presidente en el cargo que ha tenido que comparecer como testigo en un juicio, pero Sánchez le ha seguido después en el caso que investiga a su mujer.
El ahora presidente aseugró que "no se puede obligar a un país a elegir entre democracia o estabilidad porque no hay mayor inestabilidad que la que emana de la corrupción" y dijo que lo primero que iba a hacer al sentarse en el cargo era recuperar "la normalidad política, que ha sido violentada, sacudida, como consecuencia de la falta de asunción de responsabilidades políticas por parte del actual presidente".
En definitiva, "es usted, señor Rajoy, quien nos ha traído hasta aquí [...] ¿Va a dimitir? ¿O va a continuar aferrado al cargo debilitando la democracia y debilitando y devaluando la calidad institucional de la Presidencia del Gobierno?". Hoy, ni él tiene respuestas a esas preguntas.
El turno de Ábalos
Pero antes de que Sánchez llegara a tomar la palabra, tuvo que hablar el encargado de defender la moción de censura por parte del grupo parlamentario del PSOE. Eso, sin duda, es lo que peor ha envejecido del todo, ya que el portavoz fue José Luis Ábalos, hoy en la cárcel por culpa de esa misma corrupción que hace ocho años denunciaba.
Al poco de arrancar a hablar, Ábalos centró su discurso en que la corrupción del PP ha desatado "una indignación entre los españoles" que han visto cómo se han sacrificado mientras otros se enriquecían. Hay frases demoledoras: "Mientras familias sufrían la crisis, otros se hacían millonarios [...] Mientras que la España que madrugaba, la España que estudiaba, la España que luchaba por llegar a final de mes, mientras esa España real luchaba cada día, ustedes hacen ostentación en bodas y celebraciones imperiales, que quedan para la historia".
Es difícil visualizar que ese Ábalos que habla desde la Tribuna es el mismo que, sólo dos años más tarde, en lo más crudo de la pandemia por la Covid y mientras sufrían todos esos españoles a los que hacía referencia, presuntamente participaba de una trama que buscaba enriquecerse a costa de la escasez de mascarillas.
El entonces secretario de Organización del PSOE también dedicó parte de su discurso a criticar una característica que ahora se atribuye fácilmente a Sánchez: el aguante. "A ustedes les importan relativamente poco el Estado y España [...]. Les importa su supervivencia, y para lograrla no les preocupa debilitar o dañar la imagen de nuestras instituciones y nuestro bienestar", aseguró.
Hay otro par de fragmentos interesantes en su intervención. El primero, cuando pedía no circunscribir la moción sólo a la sentencia de la Gürtel, sino a todas las que vendrían después. "Si esta Cámara no reacciona hoy, qué vamos a decir cuando lleguen todas esas sentencias. ¿Qué mensajes estamos mandando a los profesionales de la Justicia, a los que trabajan con rigor e independencia?", dijo, enmarcando otra frase extrapolable a la actualidad.
El otro fragmento, uno que desprendía cierto aire premonitorio: "Aquí no se trata de juzgar al PSOE, tendrá ocasión cuando gobernemos, tendrá muchas ocasiones [...] Entonces, deberá usted pedir las mismas responsabilidades. Ahora es a nosotros a quien le toca", dijo. Pues en eso están ahora muchos grupos parlamentarios.
Los socios cuentan
Pero la moción de censura no salió adelante por el hecho de que el PSOE la presentara, sino porque socios como el PNV abandonaron a Rajoy. Son los mismos socios que, hoy, no abandonan a Sánchez y por eso el PP no la presenta. Aunque muchos aprovecharon el debate para hablar de su agenda (los partidos catalanes, por ejemplo, se centraron en la situación de tensión que se vivía en Cataluña, menos de un año después del referéndum ilegal del 1 de octubre de 2017), escucharles de nuevo evidencia que el rasero de antes no es el de ahora.
"Entre hoy y mañana vamos a lograr uno de nuestros principales objetivos políticos: sacar a los corruptos del Gobierno de nuestro país", dijo Pablo Iglesias. Carles Campuzano, el portavoz de PDeCAT, el espacio que ahora representaría Junts, aseguró que la corrupción "exigía la asunción de responsabilidades políticas por parte del presidente del Gobierno y que, si el presidente del Gobierno no dimitía por higiene democrática, la moción de censura era ineludible", aseguró. Ahora, en cambio, Junts no ve que sea bueno para sus cálculos políticos sumarse a PP y Vox para impulsar la moción.
Eso sucede actualmente también con el PNV. Su entonces portavoz, Aitor Esteban, reconoció que la "sentencia supuso un antes y un después ante la sociedad", pero que no votaría a favor sólo por el asunto de la corrupción, sino por la necesidad de una estabilidad sin la cual no se podrían afrontar los desafíos de entonces. De nuevo, algo aplicable al contexto actual.
Como guinda, Esteban habló de la ironía de que todo dependiera de su partido, otro paralelismo con la actualidad: "Esta mañana he visto las portadas de los medios de comunicación, que decían: En manos del PNV. ¿En serio? En manos del PNV? ¡Pues vaya con la gran nación española!".
