Al director alemán Christian Petzold le gusta contar sus historias con Paula Beer y con Barbara Auer y Matthias Brandt, actores que ocupan habitualmente su pantalla y que transmiten los secretos que quiere contar, aunque no sean muy transparentes como en el caso de ' Espejos nº 3' , una película aparentemente misteriosa y que no llega mucho más allá de donde comienza. Al principio vemos a una joven (Paula Beer) evidentemente deprimida y que muestra su alejamiento hacia su entorno cercano, especialmente su novio. Un accidente cambia el panorama, pero no la sustancia ni la claridad de su situación. Es estudiante en el conservatorio de música, pero encontrará algo de paz junto a una mujer que vive en el campo y cerca de su familia con quien se trata de un modo intrigante. La intriga es el material que utiliza Petzold para narrar la no-aventura de esta joven, pero es una intriga sin filo y solo apoyada en los secretos que guardan tanto ella, como la mujer, como su marido y su hijo, que viven separados por algún extraño motivo que no se apresura a revelar el director y guionista. La relación entre esas dos mujeres que evidente y extrañamente se necesitan es en lo que se ocupa la cámara de Petzold, la tranquilidad o sosiego que parecen darse la una a la otra, ante la preocupación de los otros dos personajes, padre e hijo, y algún vecino que pasa por allí. No hay mucho que contar; en realidad, sí lo habría, pero la película prefiere mantenerse firme en crear algo de misterio y curiosidad en el ambiente y darle a la narración una rara mezcla de naturalidad a lo que no la tiene: ¿de dónde viene esa joven?, ¿qué le mortifica?, ¿qué les ha pasado a esa familia que parece quererse y no pueden convivir? Y mientras se resuelve el asunto, solo de algún modo, puede apreciarse la serenidad interpretativa de sus actores, estupendas Beer y Auer, y sólido Matthias Brandt junto al sufrido Enno Trebs que interpreta al buen hijo.