Felipe VI ha reafirmado esta mañana la importancia del Derecho y de la Carta Internacional de los Derechos Humanos de Naciones Unidas «como piedra angular de la convivencia». En tiempo de crisis, cuando «nos enfrentamos a un mundo atravesado por conflictos», como ha señalado el Rey, «solo sobre el Derecho puede sostenerse una paz duradera». Don Felipe ha realizado estas declaraciones al cierre del acto académico que ha tenido lugar en la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid. En el aula magna, ante 260 alumnos de Derecho, el claustro de profesores, el ministro de Interior, Fernando Grande Marlaska y tras las intervenciones del rector magnífico de la Universidad Complutense de Madrid, el decano de la Facultad de Derecho de la UCM, la doctora Ana Gema López Martín, la doctora Piedad García-Escudero, el doctor en Derecho Constitucional Eloy García López y la presidenta emérita del Tribunal Constitucional, María Emilia Casas. Don Felipe ha destacado que «celebrar este aniversario es, ante todo, reafirmar la vigencia de los derechos que estos Pactos consagran: las libertades civiles y políticas, que garantizan la autonomía y la libertad individual, y los derechos económicos, sociales y culturales, que hacen posible su ejercicio efectivo en condiciones de igualdad». «En su garantía concurren tanto los poderes públicos como una sociedad civil activa y comprometida», ha afirmado el Rey. Los Pactos de 1966 «supusieron un avance decisivo» porque transformaron en obligaciones jurídicas lo que hasta entonces eran aspiraciones éticas, «dotándolas de mecanismos de garantía y supervisión que las hacen efectivas», ha apuntado el Rey, quien ha recordado que nacieron «en un siglo XX herido por la devastación de dos guerras mundiales», por lo que «encarnan la convicción de que solo sobre el Derecho puede sostenerse una paz duradera». El Rey ha vinculado directamente este legado de la Declaración Universal y los Pacos de Nueva York con el orden constitucional español, al destacar que ambos han sido «fuente de inspiración de numerosas Normas fundamentales, entre ellas nuestra Constitución de 1978», que les otorga «valor de obligado referente interpretativo». En este sentido, ha señalado que el Título I de la Carta Magna, dedicado a los derechos y deberes fundamentales, «da forma y sentido a nuestra convivencia democrática», al tiempo que establece «un marco de libertades y un programa de trabajo para hacerlas realidad». En un plano más filosófico, Don Felipe ha trazado un «hilo conductor» entre el derecho natural, el derecho de gentes y el actual sistema internacional de derechos humanos, situando en el centro «la dignidad de la persona, fundamento primero de nuestra condición humana y origen de toda aspiración a la justicia». Una idea que ha reforzado con la cita de María Zambrano –«la persona es algo más que el individuo, es una realidad moral superior: es dignidad»– para subrayar que «en la afirmación y protección efectiva de esa dignidad se mide, en última instancia, la salud cívica y democrática de nuestro tiempo». El Monarca ha advertido, no obstante, de que este marco vuelve a verse tensionado en la actualidad. «En pleno siglo XXI esta cuestión vuelve a interpelarnos», ha señalado, al describir «un mundo atravesado por conflictos –en Oriente Próximo, en distintas regiones de África y Asia y en la propia Europa–», así como por «el terrorismo, las crisis humanitarias, los desafíos medioambientales y nuevos retos éticos y tecnológicos como los que plantea la IA». Ante este escenario, ha insistido en la necesidad de «reflexionar sobre la aplicación de los Pactos en nuevas circunstancias». En este contexto, Felipe VI ha reclamado un papel activo de Europa al afirmar que «la UE y sus Estados miembros deben seguir siendo vanguardia en la defensa de los Derechos Humanos, de su vigencia y de su universalidad», una tarea que, ha recalcado, «no se trata de una opción, sino de una exigencia ligada a nuestra identidad». España, ha añadido, contribuye a este esfuerzo «como miembro, por tercera vez, del Consejo de Derechos Humanos para el periodo 2025-2027», con especial atención a ámbitos como «la discapacidad, la igualdad entre mujeres y hombres y los derechos digitales». Don Felipe ha terminado su intervención citando a uno de sus maestros, al jurista Francisco Tomás y Valiente, de quien ha recordado que «el respeto de los derechos humanos es el mínimo ético que, asumido democráticamente, permite la construcción de fórmulas de convivencia pacífica». Esta idea, según el Rey, resume un recorrido que une «respeto, derechos, ética, democracia, convivencia, paz», todos ellos sostenidos por «un vínculo frágil y sutil, pero importantísimo: la dignidad del ser humano».