El Masters de Augusta cumple 90 años con un aspecto más juvenil que nunca. A sus vetustas tradiciones no dejan de sumarle cada año nuevas incorporaciones tecnológicas que le hacen estar a la vanguardia de la modernidad, pero sin perder su carácter tradicional. Así, aunque de puertas para dentro están prohibidos los dispositivos móviles y no hay forma de que salgan del club imágenes que no estén autorizadas por ellos, al público no le importa porque las retransmisiones son las más avanzadas de todo el planeta. Este año se incorpora, además, la posibilidad de seguir todos los golpes de un jugador desde casa, con una realización televisiva a la carta. Algo que resulta inimaginable para los torneos convencionales. Pero si algo no falta en el National es el músculo financiero. La ingente cantidad de personal que cubre todas las áreas organizativas se encarga de que el orden y la pulcritud estén presentes por todos los rincones de esta finca que da protagonismo mundial al estado de Georgia cada primera semana del mes de abril. Porque, no hay que olvidarlo, cuando arranca este torneo todos los focos están centrados en él y ni siquiera los grandes nombres del deporte pueden eclipsarle. Así, nadie habla de los problemas de Tiger Woods que le han llevado a ausentarse de esta edición, porque lo importante es saber quién estará en disposición de enfundarse la chaqueta verde el próximo domingo. Aunque la teoría indica que cualquiera de los 91 participantes puede lograrlo, en la práctica solo unos cuantos elegidos tendrán opciones reales. Y entre ellos se encuentra un español: Jon Rahm. El vasco llega en su mejor momento de juego de los dos últimos años, después de un arranque fulgurante en el LIV Golf que le ha llevado a acumular una victoria, tres segundos puestos y un quinto en los cinco torneos disputados hasta el momento. Si a esto se le suma el conocimiento que tiene de este campo, en el que ya ganó en 2023, hay que estar bastante confiado en sus prestaciones. Sobre todo porque declaró haber estado «trabajando mucho en el juego corto y el 'putter' este invierno y, si consigo recuperar el juego de hierros que tuve aquí hace un par de temporadas, me veo otra vez arriba». Precisamente su verdugo en el último torneo de Sudáfrica , Bryson DeChambeau, es uno de los preferidos del público local más joven, deseoso de que su ídolo más mediático pueda sumarse al plantel de maestros del golf, igual que ya hizo con sus otros dos 'majors' anteriores. También ha arrancado el año muy fuerte, con dos triunfos en el LIV Golf, y en sus últimas dos participaciones ha quedado entre los seis primeros. El año pasado jugó en el último partido junto a Rory McIlroy y sabe que será de nuevo su máximo rival en esta edición. «Me encanta que podamos construir una gran rivalidad entre ambos. Le respeto mucho como golfista y quiero ganarle cada vez que me enfrento a él». Por lo que se refiere al norirlandés, que regresa como campeón defensor después de conseguir el 'Grand Slam' la temporada pasada, le gustaría alargar este año de celebraciones todavía un poco más si fuera posible. «En mis primeros diecisiete años estaba ansioso por que llegara la semana del Masters, mientras que en este último nunca quería que se acercara el momento de tener que devolver la chaqueta. Ojalá pueda mantenerla un año más en mi poder». Otro de los favoritos sentimentales del público es Justin Rose, que ha sido dos veces subcampeón aquí y, llega de nuevo en plena forma, después de su triunfo en San Diego. «Estoy recibiendo mucho apoyo por parte de la gente que me desea que este sea, por fin, mi año; aunque estoy es muy agradable, no debo dejar que me presione y se vuelva en mi contra». Aunque por su carácter quiera estar siempre alejado de los focos, es obligado hablar del número 1 mundial Scottie Scheffler , que cuenta ya con dos chaquetas en su ropero y otros tantos retoños, pues ha confirmado que acaba de nacer su segundo hijo Remy. «Para mí, el golf es muy importante en mi vida, pero lo es mucho más mi familia. Creo que debo encontrar el equilibrio correcto entre ambos».