La mejor crema es aquella que se adapta a las necesidades de la piel, y que cumple con su objetivo, mantenerla hidratada y radiante durante todo el día, y ayudar a retrasar los signos de la edad. Una vez que se ha dado con ella, hay una duda recurrente, ¿es necesario cambiarla? ¿La piel se acostumbra a los cosméticos y dejan de ser efectivos? La realidad es que se trata de un mito, según la doctora Andrea Huerta-Vena , dermatóloga de Clínica Dermatológica Internacional, « la piel no se acostumbra a las cremas en el sentido de perder eficacia por uso continuado; los ingredientes activos mantienen su efecto mientras se usen correctamente». La cosmetóloga Aline Neumann , fundadora del Método R , también asegura que es un mito. «Si un cosmético está bien formulado y responde a lo que la piel necesita, puede funcionar igual de bien durante años. Si estamos cambiando todo el rato, en realidad no hay rutina. La piel necesita tiempo y constancia para beneficiarse de los ingredientes activos». Lo único que justifica la necesidad de cambiar de crema es la aparición de alergias, irritación o sequedad . La dermatóloga Huerta-Vena recomienda «consultar con un dermatólogo, ante el enrojecimiento, la sequedad persistente, la descamación o los brotes de dermatitis de contacto». Ambas expertas señalan que la percepción de que una crema deja de funcionar se debe a cambios en las necesidades de la piel. Cabe recordar que ésta es un órgano vivo que está en constante evolución , y que puede verse afectada tanto por factores externos, como el clima, como por factores internos, como los cambios hormonales o la falta de sueño. Por eso, en ciertos momentos sí habría que revisar la rutina y quizás introducir cambios. Neumman explica que «a lo largo de la vida la piel evoluciona mucho. Una persona que tenía la piel grasa en la adolescencia puede tener una piel mucho más seca o deshidratada en la edad adulta. También influyen el estilo de vida y la propia rutina cosmética. El uso excesivo de exfoliantes , retinoides mal elegidos o demasiados activos a la vez puede debilitar la barrera cutánea. Cuando la barrera se altera, la piel se vuelve más sensible , se irrita con facilidad y parece que nada le funciona». En este sentido, la experta apunta a momentos clave, como la adolescencia, cuando puede aparecer el acné, y es necesario usar productos no comedogénicos; el embarazo , con una mayor sensibilidad cutánea y el riesgo alto de manchas, que hace necesario priorizar la fotoprotección y evitar el uso de activos como los retinoides; o la menopausia , que conlleva una disminución de los estrógenos, lo que hace que la piel esté más seca, necesitando cosméticos nutritivos. La doctora Huerta-Vena añade que también puede ser necesario un cambio en las cremas, según la época del año y el clima . «No es lo mismo un ambiente frío y seco, en el que deberemos priorizar cremas más reparadoras, a un clima húmedo y caluroso, donde tienen más sentido fórmulas más fluidas». Aunque en momentos puntuales puede surgir la necesidad de un cambio de crema, hay cuidados imprescindibles como la protección solar , necesaria todo el año y especialmente, cuando se está más expuesto al sol. Además, es esencial, según la doctora Huerta-Vena «la limpieza mañana y noche, y la selección de principios activos en función de las necesidades de la piel. No es necesario hidratar la piel a diario si no lo necesita. Debemos priorizar nuestra función de barrera cutánea adecuada, para que por sí misma funcione adecuadamente».