No había un solo griego que no pensara que sus deidades estaban locas. Iba en la sangre, en el cargo, en el mal de alturas... A los enfermos mentales y epilépticos se les decía tocados por los dioses. En 'The Audacity', la nueva serie para AMC+ de Jonathan Glatzer, guionista de 'Succession' y 'Better Call Saul', muchos hombres también han sido bendecidos, o maldecidos, por el Olimpo de nuestra era. En este retrato satírico y oscuro de Silicon Valley aparece un panteón de gurús arrogantes, inventores despiadados y multimillonarios autoerigidos como divinidades. El sueño americano convertido en una aterradora, y desternillante, distopía por obra y gracia de los señores (y sus drogas) que dominan el mundo no con rayos ni sacrificios de vírgenes, sino con una tecnología que hace palidecer el fuego que Prometeo robó a los dioses. Ocho capítulos para creer o, más bien, para perder la fe en el futuro. Jonathan Glatzer no conocía muy bien Silicon Valley cuando Dan McDermott, presidente de AMC Studios, le propuso crear una serie ambientada en la capital tecnológica. Pero la propuesta le llevó a investigar sobre ese mundo extraño y absurdo compuesto por algunos de los mayores genios del siglo, a intentar usar la sátira para mostrar el afán de poder e influencia de las personas que están moldeando la sociedad con sus innovaciones. El resultado es una historia de ficción basada en hechos reales pero tan realista que parece inventada. Spoiler: no lo es. Se la enseñaron a algunos directivos de San Francisco y se sorprendieron al verse reflejados sin apenas distorsión en la serie. Cuenta el actor Billy Magnussen, que interpreta a Duncan, fundador de una de esas empresas, en 'The Audacity', que todo lo que sucede en esta serie ocurre de verdad en Silicon Valley. «Esta burbuja nos ha dicho, vale, habéis acertado. Es el mejor sello de aprobación que podíamos recibir», explica en una entrevista con ABC. En una escena de la serie, que se estrena en AMC+ el 13 de abril, después de un viaje surrealista con ayahuasca, el personaje de Magnussen se inclina sobre un cubo, vomita y lloriquea pidiendo ayuda a su padre. Después grita: «¡Soy rico!». También dice que «las normas están hechas para mantener a los tontos a raya». En otra, Zach Galifianakis, un veterano ejecutivo, se acuesta en la alfombra de su psicóloga y comenta: «Me quejo tanto que ya he perdido la noción de qué es lo que me gusta en este mundo de mierda. Todo es una gran mancha marrón». Y también: «Un día estás persiguiendo ardillas y al siguiente te estás cagando encima de la alfombra persa cara. No es justo». Esta es la catadura moral de los protagonistas de 'The Audacity'. Billy Magnussen compuso a su personaje haciendo un 'collage' inspirándose en «las cosas buenas, malas o feas de esas personas que protagonizan titulares y todos sabemos quiénes son». Ejem, Bezos, Musk, Zuckerberg. «Duncan está obsesionado por su ego, por sus inseguridades. Es una persona horrorosa, que toma decisiones terribles y está completamente perdido», reconoce Magnussen, que suelta un capote para salvar al protagonista de 'The Audacity': «En la obra de teatro 'The Complete Works of William Shakespeare (Abridged)' decían que las comedias no son divertidas, que son las tragedias con las que de verdad te ríes porque la vida siempre es mucho más complicada que la ficción. No pensé en esta serie como una comedia, sino en los miedos, esperanzas, pasiones, necesidades y deseos de un montón de personas. Quería que esa verdad se viese, y si a la gente le hace gracia, perfecto». Y ahí está otra de las claves de la serie, capaz de vomitar barbaridades a la velocidad de un rayo pero también de desdoblarse para bajar a la tierra a estas deidades modernas y mostrar la humanidad de los personajes. De hablar de cómo una especie de ermitaño intenta buscar la «cura» para la soledad de los adolescentes pero descuida a sus hijos, de la conciliación imposible de estos genios con su familia y las terribles consecuencias que su ausencia tiene en su progenie, absorbida por los móviles, la IA y las aplicaciones que ellos mismos desarrollan. Unas veces ríes y otras dan ganas de llorar. Como la vida.