La Fórmula 1 está en las manos de un adolescente de 19 años con cara risueña, que grita, se emociona y ofrece una imagen refrescante. El italiano Kimi Antonelli consigue en Japón su segunda victoria consecutiva y es el líder del campeonato, el de menos edad en la historia. Lo hizo después de una pésima salida y de cobrar ventaja con el coche de seguridad. Manda en el Mundial con un Mercedes que vuela. Un detalle que lo catapulta como candidata a ganar el título. Fernando Alonso logró al fin acabar una carrera, a la tercera, con el Aston Martin que se ha arrastrado hasta la fecha. Es un alivio menor para un doble campeón del mundo que podría estar en su casa viviendo de las rentas, aunque se puede ver como un paso adelante. Carlos Sainz terminó decimoquinto, invisible también. La Fórmula 1 se rige por los preceptos del juego de las damas, comer o ser comido. Y en esa crueldad que decretan los resultados, este deporte se ha olvidado de los españoles. Lo hace con todo el sentido: manda el cronómetro, los tiempos por vuelta y tanto Carlos Sainz como Fernando Alonso están desconectados de cualquier posibilidad de éxito. La realización de la televisión no pincha la señal de los españoles, porque allí en el pozo donde habitan no sucede nada. No hay emoción, ni peleas ni acontecen situaciones interesantes. Es la dura vida del farolillo rojo. El Aston Martin es el peor coche de la parrilla en competencia con el novato Cadillac. Y el Williams no interesa a casi nadie, coche con sobrepeso que no puede aligerarse sin invertir una pila de millones en época de límites presupuestarios y que navega entre las posiciones 15 a 17. Hay 22 pilotos en la Fórmula 1, 22 privilegiados entre millones que soñarían con conducir uno de estos bólidos y dos son españoles. Pero son españoles invisibles. En 53 vueltas del Gran Premio de Japón no fueron enfocados ni una sola vez por la televisión. En verdad, el Aston Martin sigue entrenando, acumulando los kilómetros de pruebas que no consiguieron en la pretemporada. Alonso cambió dos veces de ruedas cuando solo necesitaba una, pero como no tiene nada que perder, salvo la paciencia, puso ruedas medias (amarillas), duras (plata) y de nuevo medias. El hecho de terminar la carrera en Japón puede ser tomado como progreso con mirada de luces cortas. Para un campeón como Alonso, que ha ganado 32 carreras y dos títulos, eso no puede ser consuelo. Fueron por primera vez 53 vueltas para un coche que avanza poco a poco porque, en realidad, a peor ya no podía ir. El otro Aston Martin, con Lance Stroll al volante, no fue capaz de ver la bandera a cuadros. Se retiró a mitad de carrera. La otra señal que indica la pobreza de recursos del motor Honda. La salida sigue siendo lo más divertido de la Fórmula 1 con mucha diferencia. Ese momento en el que hay más alicientes en la incógnita de lo desconocido, porque luego llega la repetición de los placeres conocidos. El dominio de Mercedes, el campeonato que se define en una fábrica en las ideas de los ingenieros. En la salida se bloquean los coches Mercedes de Antonelli y Russell. Es su punto débil, la carencia que les impide arrasar a la competencia en este campeonato de pilas, como lo definió Alonso entre recargas de baterías y más o menos megajulios. El australiano Oscar Piastri dio su primera vuelta en el Mundial como líder. No salió en Australia ni tampoco en China. Hay dificultades para todos con la nueva reglamentación, menos para Mercedes. Un coche de seguridad da un vuelco a la carrera que trataba de dominar el insípido Russell en competencia con los McLaren y en otra dimensión los Ferrari. Antonelli toma el mando y demuestra solvencia al volante con solo 19 años. Verstappen echa humo por las orejas. Desde hace semanas es el mayor crítico de esta nueva F1 de las baterías eléctricas porque le va de pena. El Red Bull es una camioneta que no se parece nada al coche estelar que ha conducido en los últimos años. Todos los líderes adelantan al mayor caimán de la F1. En el momento crucial de la prueba, Antonelli mostró talento y velocidad para escapar del acoso de Piastri y, en menor medida, de Leclerc. Le dio la razón a su mentor, Toto Wolff, quien el año pasado fichó a un adolescente con el ánimo de construir un Verstappen para Mercedes. Y el tiempo le está dando la razón. El piloto italiano de 19 años extrajo un mundo de ventaja, 13 segundos, a falta de cinco vueltas para el final. Con la pista despejada condujo de maravilla aprovechando la potencia del mejor coche de la F1, sin dar ninguna opción a Piastri. Russell, el compañero de Antonelli y eterno aspirante a conseguir algo en la Fórmula 1, se quedó con la cara de frustración. No pudo subir al podio, lo impidió Charles Leclerc con el Ferrari. Es otro podio de la escudería italiana, que ha regresado a la pelea y que aspira a ganar carreras este año.