El Boletín Oficial del Estado (BOE) del 10 de marzo de 2001 publicaba aquel día el Real Decreto 247/2001 emitido el día previo por el entonces Gobierno central de José María Aznar, para adelantar del 31 de diciembre de 2002 a la misma fecha de 2001 la suspensión de la prestación del servicio militar, o sea la famosa «mili». La medida entraba así en vigor un año antes de lo previsto «dado el nivel alcanzado en el proceso de profesionalización» en las Fuerzas Armadas, según figuraba en el citado documento, cuya resolución supuso todo un hito en la sociedad española. Aquella medida fue celebrada por muchos como una auténtica «fiesta», como rememora el sevillano Antonio, o mejor Toni entre sus amigos, quien explica a este periódico que pese a que su padre había sido ingeniero militar ferroviario, él recelaba bastante de «hacer la mili» . En su última etapa antes de su suspensión en 2001 tras casi 200 años en vigor, el servicio militar se prolongaba durante nueve meses. Previamente, había sido acortado ya de 18 meses a un año. A Toni llegaron a convocarle para el tallaje y acudió para ello a la antigua Casa de la Moneda, en pleno centro de Sevilla, como recuerda tirando de memoria. Incluso le fue notificado «por carta» su ingreso en el servicio militar como soldado de reemplazo, si bien alegó que «estaba estudiando», con la correspondiente documentación acreditativa; y finalmente «un año después estaba saliendo en todos lados que la 'mili' se abolía». «Aquello fue una fiesta», rememora Antonio ufanándose de haberse librado. Otro sevillano, en este caso Manuel, cuenta cómo logró esquivar la «mili» verdaderamente «por los pelos» , porque en marzo de 2001, cuando fue acordado el adelanto de la suspensión, «había agotado ya todas las prórrogas» por sus estudios universitarios y ya en septiembre le correspondía ingresar sin más opción en el servicio militar obligatorio. «Yo lo temía. Para mí era una pesadilla. Mi padre era policía pero yo desde los tres o cuatro años de edad era muy antibelicista», cuenta Manuel, quien recuerda perfectamente la intervención del entonces ministro de Defensa Federico Trillo en televisión anunciando el adelanto de la suspensión de la «mili». «Me libre por los pelos», enfatiza, agregando que incluso por mor de su profesión llegó a conocer años después a Federico Trillo, a quien agradeció personalmente la medida. No habrían sido pocos, claro está, los agradecimientos e invitaciones a Trillo a cuenta de dicha decisión. Sobre todo porque, como recuerda Manuel, por aquellos tiempos «cada vez había más casos de objeción de conciencia» , incluso hasta alcanzar el 37 por ciento de los convocados. «La 'mili' empezaba a sobrar», reflexiona Manuel, toda vez que en la medida también pesaban otros motivos como el fin del escenario de la Guerra Fría y el consecuente cambio de paradigma en las Fuerzas Armadas. Opinión distinta es la de José, sevillano vecino de Mairena del Aljarafe que hizo el servicio militar en el acuartelamiento de Tablada allá por el año 1996, poco antes de la suspensión de la 'mili'. Él guarda «buenos recuerdos» de sus nueve meses en las Fuerzas Armadas, sobre todo por la «camaradería» y el intercambio asociado a la «convivencia» de reclutas «de Huelva, Málaga o del norte» de España, de diferentes ámbitos sociales y niveles académicos. Especialmente, destaca que casi «el 20 por ciento» de los efectivos reclutados mediante leva, según sus cálculos, aún «eran analfabetos» y en este periodo de vida militar «se les enseñaba a leer y escribir y eso era muy positivo». También supuso según destaca «una oportunidad» para jóvenes que aún no tenían claro su futuro y que gracias a la experiencia, acabaron apostando por emprender una carrera profesional en las Fuerzas Armadas y encontrando un camino en la vida. Este sevillano recuerda además con cariño las no pocas anécdotas de aquella experiencia, como el caso de un compañero de Huelva «que decía que en el cuartel comía mejor que en su propia casa» . «Yo recuperaría la 'mili', porque sería bueno para despertar a la juventud», considera José. La medida no sólo tuvo una gran incidencia en la sociedad del momento, sino además en las Fuerzas Armadas al constituir todo un hito en su camino hacia la plena profesionalización . El proceso se desarrolló además en gran medida a la vez que se abordaba la plena integración de la mujer en las Fuerzas Armadas. A día de hoy, según la Subdelegación de Defensa, Sevilla acoge los procesos de selección de aspirantes a tropa y marinería profesional de su área propia de reclutamiento y la de Huelva, celebrando en 2025 los e xámenes de 2.039 aspirantes de los dos ciclos selectivos de ese año; para 8.884 plazas de efectivos profesionales. Este año han sido ya citados a examen un total de 1.140 nuevos aspirantes en el primero de los dos ciclos de selección previstos para 2026, para un total de 4.527 plazas de nuevo ingreso en las Fuerzas Armadas ofertadas en el conjunto de España.