Pasar horas caminando —o incluso parado— durante una estación de penitencia convierte a los pies en uno de los grandes olvidados de la Semana Santa . Sin embargo, para el fisioterapeuta sevillano Antonio Montiel, son precisamente los nazarenos quienes más acaban sufriendo. « Los nazarenos también sufren bastante y concretamente son sus pies los que más», explica. Y es que, más allá de heridas o cortes, el problema principal está en cómo responde el cuerpo a una exigencia para la que, en muchos casos, no está preparado. Antonio señala que caminar descalzo o con zapatillas de esparto supone un cambio radical en la biomecánica del pie: «Estamos haciendo un uso totalmente minimalista, un barefoot , al cual no estamos acostumbrados». Esto implica que el pie deja de contar con la amortiguación y el soporte habituales del calzado moderno, aumentando la carga sobre músculos y estructuras internas. Una de las consecuencias más frecuentes es la fascitis plantar . «Cuando la bóveda del pie se hunde, la fascia se estresa y se inflama», detalla. Ante este escenario, el especialista insiste en que todo empieza antes del día de la procesión. «Lo más aconsejable sería hacer un entrenamiento progresivo , adaptando el pie a la distancia y al tiempo que va a estar en la calle». Esa preparación permite que el pie se acostumbre poco a poco a una exigencia prolongada, reduciendo el riesgo de lesiones que, en muchos casos, aparecen después de la Semana Santa. Aquí llega una de sus principales recomendaciones: apostar por un calzado lo más cercano posible a ir descalzo . «Lo ideal es utilizar zapatos con menos drop, incluso calzado minimalista», señala. Este tipo de calzado —con suela plana y sin apenas amortiguación— permite que el pie trabaje de forma más natural, acercándose a las condiciones reales de ir descalzo pero con cierta protección. Lo único a tener en cuenta es que la mayoría de las hermandades son muy estrictas con el calzado y no aprueban el uso de calzado deportivo. Aunque no descarta que ir completamente descalzo sea una opción válida, pero lanza una advertencia clara: «Si la idea es hacerlo descalzo, hay que entrenarlo antes». Pasar de un uso constante de zapatillas a caminar durante horas sin ningún tipo de protección puede provocar sobrecargas importantes si no hay adaptación previa. Además del entrenamiento, el fisioterapeuta insiste en la importancia de trabajar la musculatura del pie. Ejercicios específicos como el short foot ayudan a activar músculos clave como el tibial posterior , fundamentales para sostener la bóveda plantar.