Todas las personas que acuden a visitar la ciudad de Jaén, un destino que sorprende por la cantidad de rincones interesantes que posee en su casco urbano, tienen que subir a las alturas del cerro que domina todo el entorno. Visitar Jaén y no subir al Castillo de Santa Catalina es perderse el que es sin lugar a dudas uno de los atractivos más importantes que tiene la ciudad. Una visita que es interesante no solo por la historia que está encerrada en este recinto, sino también por las espectaculares vistas que se pueden divisar desde este enclave. Y es que el Castillo se encuentra en el famoso Cerro de Santa Catalina , un enclave privilegiado que se abre a todos los puntos cardinales con una majestuosidad fuera de toda duda. Desde la parte superior del cerro, en la que se encuentra el Castillo, es posible contemplar casi la totalidad de la provincia de Jaén. Si miramos hacia el norte y al oeste es posible divisar la campiña y Sierra Morena , lugares tradicionales para la plantación de numerosos cultivos, donde se encuentra el valle del río Guadalquivir y que está poblado por miles de olivos. Si miramos desde este imponente cerro hacia el sur, podremos divisar la Sierra Sur de Jaén, así como los parques periurbanos de Santa Catalina y Monte la Sierra. En dirección este, nos encontramos con Sierra Mágina , tierras que durante siglos han estado marcadas por su cercanía con la frontera del Reino de Granada. Al margen de ser un lugar en el que se puede disfrutar de estas privilegiadas vistas, el Castillo de Santa Catalina es un enclave perfecto para entrar en contacto con la historia de Jaén a lo largo de los últimos siglos. En el cerro de Santa Catalina se encuentra un compendio de lo que ha ocurrido en la zona en toda la historia. Las seis torres del Castillo y su espectacular recinto amurallado, nos cuentan la historia de Jaén, llena de vicisitudes, de la llegada, auge y caída de diferentes pueblos, así como de luchas de frontera. Los historiadores aseguran que los primeros pobladores de la zona del cerro de Santa Catalina fueron los iberos, que en el siglo IV a.C construyeron un poblado amurallado, lo que se conoce como un 'oppidum' , del que todavía se conservan algunos restos arqueológicos. Tanto los romanos, como posteriormente los árabes, aprovecharon parte de estas primeras construcciones para continuar la historia del lugar. Entre los siglos VIII y IX, los musulmanes construyeron una alcazaba a media ladera y a partir del siglo X comenzó la construcción de un gran alcázar defensivo en la cumbre del cerro. Una vez que la zona pasó al dominio de los cristianos, en la época de Fernando III , el Castillo se fue reforzando, ya que se entendía que era un lugar de un indudable valor estratégico y militar. Es a partir del siglo XIII cuando el Castillo va adquiriendo poco a poco su fisonomía definitiva. A comienzos del siglo XIX, durante la Guerra de la Independencia el Castillo se convirtió en la base del ejército francés del Alto Guadalquivir, lo que significó un maltrato importante del monumento, ya que los franceses alteraron zonas y posteriormente volaron partes de la fortaleza. El renacer del Castillo y del cerro de Santa Catalina comienza a mediados del siglo XX, cuando se inició en la zona la construcción de un Parador de turismo y posteriormente los trabajos adecuados para estudiar la zona y el acondicionamiento para el uso turístico y cultural. El Castillo está abierto de lunes a sábado de 10.00 a 18.00 horas, mientras que los domingos y festivos lo hace de 10.00 a 15.00. La entrada general tiene un coste de 3.50 euros .