«Seguimos siendo un bar de toda la vida, tradicional cordobés». De hecho mantiene la misma receta de los churros de siempre, el mismo procedimiento de elaborarlos desde que comenzó en el año 1977. Para los amantes de este alimento, una delicia en los desayunos y en las meriendas, Don Pepe, junto a la plaza de Las Tendillas, es una de las grandes referencias de la ciudad. Una institución. Ya hay una segunda generación de churreros al frente, puesto que el primero se jubiló, y conservan esa misma fórmula, no se ha variado: «La elaboración de un churro parece fácil, pero no lo es: hay muchos factores que intervienen en que salga un buen churro, como la temperatura, el aceite y hasta el agua que se usa», desvelan las hermanas Elena y Aurora Ortiz , aunque no avanzan más. De esta tarea clave se encargan Laura, que lleva dos décadas trabajando aquí, y Pablo, desde hace doce años, dentro del equipo que tiene esta empresa familiar. La masa se prepara cada día varias veces: hay una masa inicial al comienzo del turno de la mañana y del de la tarde y, en función de que haga falta más, se va preparando más. Los churros se hacen en el momento, una vez que lo pide el cliente, a demanda, conforme la comanda llega a cocina. El jeringo en rueda es el rey, acompañado por el chocolate bien caliente, espeso y con un sabor inconfundible hecho con producto de calidad de primeras marcas. «Tiene su punto el chocolate también», que ofrece sin lactosa. «Para mi padre era una prioridad y para nosotras ha seguido siéndolo el utilizar productos de calidad para elaborar los churros, el chocolate y para las tostadas en los desayunos», explican las dos hermanas encargadas de la gestión desde el año 2013, y propietarias junto con otras dos hermanas suyas. Este invierno, tan frío y lluvioso, ha sido muy fuerte en cuanto a afluencia de clientes buscando tomar sus churros para combatir las bajas temperaturas. Quien se pasa por Don Pepe oscila entre el oficinista que trabaja cerca y va cada mañana, y mucha gente muy joven que queda con los amigos para merendar. También acuden familias enteras, abuelos con nietos, profesores y alumnos del vecino instituto Góngora, grupos de excursiones y muchísimos turistas por el lugar tan céntrico en el que se sitúa y porque Don Pepe es recomendado en los hoteles. «A los franceses les gustan mucho los churros y vienen muchos, y también madrileños (porque en Madrid hay mucha tradición de jeringo), que vienen expresamente a probarlos aquí en Córdoba», apunta Elena Ortiz. A ella estando en Madrid le pasó como anécdota que, al saber que era cordobesa, le recomendaron el Don Pepe, sin imaginar que lo conocía de cerca y tan bien, sonríe al contarlo. No importa la nacionalidad: japoneses, chinos e ingleses caen rendidos a estos churros. «La gente que está hospedada en Córdoba, como nos descubra, viene ya el resto de días. Para ellos no es solo la experiencia de comerlos, sino el estar en una cafetería de toda la vida donde está el cliente charlando con el camarero. Les gusta todo». Elena Ortiz indica que «hay mucha gente que viene preguntándonos por nuestras tostadas de pizquitos de jamón serrano. En tostadas es nuestro producto estrella. El pan se trae todos los días de panadería, no está congelado ni prefabricado. Nuestro aceite, el jamón york es jamón york y el zumo natural es recién extraído». Su acompañamiento puede ser de zurrapa de lomo, sobrasada, varios patés, jamón york, jamón york y queso. Y los tipos de pan, bollo normal, chapata, mollete e integral. También sirven bocadillos, de lomo con queso y de tortilla. Abre todos los días de la semana, de 6.30 horas a 14.00, y de 16.30 a 21.00 horas, salvo en verano que cierra por las tardes. Esta casa debe su nombre al primer dueño, José. Poco después, los padres de Elena y Aurora, Manuel Ortiz y María del Carmen Cebada, se hicieron cargo en los años 80 con la filosofía que sigue en la actualidad: calidad para ofrecer un buen producto, de una manera honesta, con unos precios asequibles para todo el mundo y dando buen servicio. La estructura de la cafetería siempre ha sido como se ve hoy en día, con la planta a la altura de la calle Diego de León y una planta baja. La cocina en el mismo lugar, la barra ha ido cambiando de forma y ha habido modificaciones en la decoración para actualizarla a los nuevos tiempos.