Hay restaurantes a los que se va a comer. Y luego está Vértigo, donde uno entra dispuesto a dejarse llevar. El concepto es claro desde el primer momento: romper la monotonía, sacudir los sentidos y transformar una comida en una experiencia que va más allá del plato. Aquí no se trata solo de sabores, sino de emociones. «Retadnos», invitan desde el equipo. Y el desafío comienza en cuanto uno se sienta a la mesa. Ubicado en Córdoba y recomendado por la Guía Michelin, Vértigo ha construido una propuesta que fusiona raíces mediterráneas con influencias asiáticas y técnicas contemporáneas. El resultado es una cocina inquieta, creativa y perfectamente pensada para quienes buscan algo diferente, ya sea para sorprender a alguien especial o para redescubrir el placer de comer sin prisas. La experiencia puede comenzar con sus menús degustación. El Ikigai (40 euros, 57 con maridaje) propone un recorrido equilibrado y accesible por su universo creativo. El Sora (57 euros, 77 con maridaje) amplía la aventura con una selección más extensa y arriesgada. Ambos funcionan como relato gastronómico: cada pase suma matices, cada plato abre una nueva escena. Para quienes prefieren elegir, la carta es un mapa de territorios culinarios que viajan de Andalucía a Asia sin escalas forzadas. Entre los entrantes, la ostra gratinada con miso y calabaza, parmesano y katsuobushi marca desde el principio esa fusión elegante. Las croquetas de callos de buey y cecina con parmesano reinterpretan la tradición con intensidad y profundidad de sabor. Hay platos que sorprenden desde el nombre: tomate pasificado con parmesano trufado, aceitunas negras y torreznos niboshi ; wanton frito de conejo al ajillo con mole verde y queso feta; mollejas de cordero con mole de chile chipotle y vinagreta «café de París» . Son combinaciones que podrían parecer arriesgadas sobre el papel, pero que en mesa encuentran equilibrio. En los principales, el arroz de cigalas con cecina y tuétano asado combina potencia y elegancia. El bacalao negro con brandada y beurre blanc de sidra aporta sutileza y técnica clásica con un giro contemporáneo. La araña a la plancha al pil-pil con huevo frito y alioli de fino de naranja demuestra que la cocina puede ser divertida sin perder refinamiento. Y el pollo satay con berenjenas chinas Sichuan refuerza ese puente entre culturas. Los postres cierran la experiencia manteniendo la tensión creativa: tiramisú de matcha y chocolate blanco con frutos rojos y jengibre, o un arroz con leche de coco bruñido con cardamomo negro, cítricos y azafrán, acompañado de helado de caramelo salado y especias . Dulces que no buscan solo agradar, sino provocar. En Vértigo todo está pensado para que el comensal participe de algo más que una comida. Es una invitación a detener el tiempo, a dejar que los sabores dialoguen y a permitirse explorar. Una experiencia sensorial completa que confirma que, en Córdoba, también hay espacio para la cocina que se atreve a mirar más allá.