Todos deseamos una mejor situación para los 500.000 inmigrantes que están de forma ilegal en España, y no sólo ellos, sino todos los que sufren la pobreza. Pero hay que ser realista sobre si con el permiso de residencia se resuelven sus problemas. Primero- Han de encontrar un trabajo y no podemos olvidar que tenemos 2.440.000 parados en España. Esos 500.000 nuevos residentes se sumarán a los actuales y tendremos 2.940.000. No podemos colocar en las listas a los nuevos por delante de los que ya tenemos. Nuestro país, durante muchos años, es el que tiene la mayor tasa de paro, de la UE con un 9,9 por ciento de la población que puede trabajar. Segundo- Hay que facilitarles casas y darlo a medio millón de personas no es posible por el problema de vivienda en España. Tercero- Han de tener un dinero para su manutención. El Subsidio de desempleo, para los que no han cotizado a la Seguridad social es de 570 euros al mes durante 6 meses. Los siguientes seis meses es de 540 euros y el resto del tiempo, 480 euros . Si no encuentran un trabajo enseguida, esas cantidades no cubren sus necesidades. Otros países europeos tienen baja tasa de paro y se podría acordar con ellos la cantidad de inmigrantes que podrían acoger. Italia pide trabajadores en servicios y agricultura; Polonia, gestores de almacén, conductores y oficios técnicos; Alemania 220.000 puestos para trabajos manuales; República Checa 'manos' para oficios técnicos. Malta, hostelería; toda Europa auxiliares de Geriatría. ¿No se podrían hacer acuerdos con esos países cuya tasa de paro es muy baja? Vicente Villanueva. Valencia Baltasar de Alcázar, en el siglo XVI, elogió con humor las tabernas: «Si es o no invención moderna, vive Dios que no lo sé, pero delicada fue la invención de la taberna… pido vino, bébolo, págolo y vóyme contento». Sus versos parecen celebrar el simple placer de beber. Sin excesos, el bar es mucho más: es amistad en torno a un café o a una caña bien tirada, conversación que alivia el trabajo y desahoga penas, intercambio de noticias y confidencias. Es taberna y club social, y también comedor para quienes no pueden volver a casa. En los bares se comparten tristezas y alegrías; y el alcohol, con mesura, puede avivar el ingenio y suavizar las malas rachas. Cuando no es así, deja de ser bar y se parece más al Congreso. José Fuentes Miranda. Ávila