Suspender nunca es solo una nota en un boletín. Detrás de un rojo puede haber miedo, vergüenza, enfado o una autoestima que empieza a tambalearse. ¿Qué sienten realmente los niños y adolescentes cuando no alcanzan el aprobado? ¿Y qué papel juega la reacción de los padres en ese momento tan delicado? Ana Durán Ferreras, directora del grado en Psicología de la Universidad CEU Fernando III, analiza cómo afrontar las malas notas sin dañar el vínculo ni la confianza, y ofrece claves prácticas para convertir el fracaso académico en una oportunidad de aprendizaje y crecimiento. ¿Qué suelen sentir los niños o adolescentes cuando suspenden una asignatura? -Varía mucho según la edad, personalidad y contexto familiar, pero en términos generales, los niños suelen sentir emociones como el miedo («mis padres se van a enfadar» «van a dejar de quererme») enfado y tristeza. Suelen asociar el afecto de sus padres con los resultados que obtienen. En los adolescentes afecta más a su autoestima («soy tonto», «no valgo para nada») ¿Cómo influye la reacción inicial de los padres en la autoestima del hijo? -Influye bastante más de lo que pensamos. De hecho, la reacción inicial de los padres suele influir más que el propio resultado. Si la reacción inicial es negativa, los niños/adolescentes pensarán que han defraudado a sus padres, que tienen poco valor como personas y que no tienen capacidad para variar ese resultado. Por el contrario, si la reacción inicial es de escucha y apoyo, entenderán que el fracaso forma parte de la vida y que un resultado no los define como personas. ¿Qué errores emocionales cometen con más frecuencia los padres en ese momento? -El principal error es la falta de pausa y escucha activa. Solemos mostrar nuestro enfado, descontento y preocupación sin haber preguntado y escuchado a nuestros hijos como se sienten y porque consideran que han obtenido ese resultado. ¿Cuál sería la mejor forma de empezar una conversación después de ver unas malas notas? -Lo primero sería escuchar sin juzgar ni valorar. Debemos hablar desde la calma «quiero saber lo primero cómo te sientes, que crees que ha pasado» y mostrar nuestro apoyo haciéndoles ver que estamos para ayudarlos «vamos a pensar juntos que podemos hacer». Es importante que sepan que estamos para ayudarlos ¿Qué frases deberían evitarse completamente? -«Me has decepcionado», «Siempre igual», «Mira tu hermano, tu primo, tu amigo.» A veces no es tanto la frase que decimos como los silencios, las miradas, el tono, la ironía, etc. Estos aspectos debemos cuidarlos incluso más que el propio mensaje verbal ¿Por qué compararlos con hermanos o compañeros puede ser tan dañino? -Es dañino compararlo con cualquier persona porque les damos a entender que no son valiosos por no tener las características o habilidades de los demás, es decir, borra el valor de la individualidad. ¿Qué impacto tiene etiquetar al niño como «vago» o «despistado»? -Tiene principalmente un gran impacto en su autoestima pudiendo tener interpretaciones erróneas sobre sus resultados futuros «para que esforzarme si soy despistado» «soy un vago y aunque me he esforzado para aprobar siempre suspenderé» ¿Cómo pueden los padres ayudar a que el hijo vea el suspenso como una oportunidad de aprendizaje? -Deben enseñarles a tolerar el fracaso. La frustración es una emoción desagradable pero una emoción que bien dirigida y gestionada te permite aprender y avanzar. Aquí también es importante reforzarles el esfuerzo, no solo el resultado obtenido ¿Cuándo deberían los padres buscar ayuda externa (profesor, orientador, psicólogo) -Cuando el suspenso se repita con frecuencia en una o varias materias o detectamos cambios en el comportamiento de nuestro hijo (irritabilidad, desgana por actividades que antes le motivaban, rechazo por ir al colegio, etc.) ¿Qué papel juega la autonomía a estas edades? -La autonomía juega un papel importante y necesario porque los prepara para la vida adulta. Les ayuda a ser personas responsables y maduras, a tomar sus propias decisiones, a gestionar el tiempo y principalmente a gestionar sus emociones.