Este septiembre ha empezado a funcionar el nuevo servicio de limpieza que el gobierno de José Luis Sanz ha implantado en los 108 colegios públicos de Sevilla . Un sistema pionero que ha permitido duplicar el personal dedicado a estas labores hasta alcanzar la cifra de 389 trabajadores, gracias a esos 25 millones que destina el Ayuntamiento para hacer posible este proyecto, de los que más de un 6% se destina a maquinaria. Apenas ha pasado un mes desde que aterrizaron en los centros escolares estos empleados y, a la vista de la satisfacción de los directores, profesores, padres y alumnos, podría decirse que la experiencia está resultando todo un éxito. Eso, al menos, es lo que señalan quienes conviven a diario con este modelo: «Entre los mismos compañeros comentamos que nunca había olido así de bien este colegio». Es el balance que realiza Susana Ojeda, la directora del CEIP Jacaranda de Sevilla Este, uno de los centros públicos más grandes al que asisten cada mañana más de 600 alumnos. En su compañía, ABC recorre los pasillos de su colegio para comprobar cómo funciona este nuevo servicio de limpieza y los primeros resultados que está consiguiendo. «Estamos muy contentos desde el minuto uno, porque antes era complicado darte cuenta de que habían limpiado , salvo por el olor a lejía», reconoce. En su papel de docente tiene muy claro que «la higiene es importantísima y aquí es fácil que los niños ensucien». No obstante, lamenta que «hasta ahora no existía esa figura a la que pudiéramos acudir para que nos ayudara en esos casos y varias veces hemos tenido que clausurar un baño por un vómito». Una situación que ha cambiado por completo con la incorporación de los limpiadores en el turno de mañana. En el Jacaranda esa labor corresponde a Silvia Rodrigo que, además, formó parte de la comunidad educativa 14 años como madre de alumnos. Seguramente por eso señala que le tiene «mucho cariño» al centro, lo que intenta demostrar cada día. «Llego aquí a las 7.25 horas, preparo mis cosas y empiezo por la zona de dirección, la secretaría, los baños o el aula matinal, y a partir de ahí hago lo que me dejan», señala. Entre otras cosas, porque «con los niños es un poco más complicado. Van de un lado para otro y surgen incidentes». Por ejemplo, «el otro día en un baño un niño se sintió mal o se derraman botellas de agua». Cuando ocurre, Silvia aparece casi por arte de magia y lo soluciona. Sus mañanas, hasta que a eso de las tres de la tarde le da el relevo al turno de tarde, transcurren de una punta a otra del colegio. Eso sí, no lo hace sola. Tiene la ayuda imprescindible de la maquinaria que se ha adquirido en los colegios. Todos ellos cuentan con una hidrolimpiadora, cuyo gran aporte es que hace uso del agua del grifo y elimina todas las partículas para que sea osmotizada. Esto hace que no queden marcas en cristales, suelos o paredes . Luego están las fregadoras y su cepillo automático que además secan el suelo, lo que permite limpiar una clase sin riesgo de resbalones de los niños. En su equipo también hay sopladoras para quitar los restos de hojas o de papeles, además de las máquinas con agua a presión que lo mismo limpian un suelo o una pared llena de verdina. «Los padres están satisfechos porque ven cómo están los patios, las aulas y el centro en general», asegura. La delegada de Educación del Ayuntamiento, Blanca Gasltaver, no oculta su satisfacción por el resultado de este primer mes, aunque reconoce que el plan de choque no acabará hasta noviembre. Considera que «las diferencias se han notado desde el primer día» , porque «se puede comprobar en cada colegio cómo brillan los azulejos o los suelos y cómo las escaleras están tan limpias». Entre otras cosas, porque «hicimos un esfuerzo extraordinario, incluso los fines de semana, para que las aulas estuvieran limpias». Pero más allá del turno de mañana, para la edil popular la otra gran aportación del modelo es «la rapidez que nos permite dar una respuesta inmediata». O lo que es lo mismo, «si un centro tiene un tipo de suelo concreto, pues se le adapta la maquinaria; o si hay una fiesta de un Ampa un viernes y hay que limpiar un sábado, pues podemos responder». Y todo ello, «con un personal que es gente del barrio y que cuidan los colegios como si fueran suyos».