La Madre Olga María del Redentor (Baracaldo, 1970) es la priora de las Carmelitas Samaritanas del Corazón de Jesús, que viven en Viana de Cega (Valladolid), Arrate (Guipúzcoa), Segovia y Toledo. En los últimos meses ha ganado fama en las redes sociales por contar cómo decidió hacerse monja. Durante una entrevista con 'Ecclesia COPE', ha desvelado las dudas que tuvo en su juventud, la firme oposición de sus padres y por qué la consagración religiosa no es un sacrificio triste, sino el camino donde ha encontrado la plenitud. La religiosa elimina la idea de que la vocación sea algo innato o sencillo de asumir. De hecho, confiesa que en un principio rechazaba por completo la idea del convento porque chocaba con sus expectativas de juventud: «Ser monja te corta mucho el rollo de muchas cosas. Nadie nace queriendo ser monja yo misma no quería ser monja». «Cuando fui pensando en ser monja yo decía 'Señor ¿y no lo podemos hacer de otra manera no puede haber otro plan algo ¿sabes que no sea tan tan radical?'», explica. Recuerda esa etapa como una auténtica pelea interna en la que lloró muchísimo, pero finalmente entendió que «nunca iba a ser feliz del todo si no respondía a esa llamada». Su decisión de consagrar su vida no fue fácil de asimilar para sus padres, quienes a pesar de haberla educado en colegios religiosos no eran practicantes. Durante su adolescencia, la joven se desmarcó de los hábitos comunes de sus amigas, como pasar las tardes bebiendo y persiguiendo chicos, planes que le parecían «aburridísimos». Esto hizo que su propia madre le colgara el cartel de «niña rara» y que, al enterarse de su vocación, considerara que se había «pasado de rosca». Con la perspectiva de llevar casi 38 años de vida religiosa , la Madre Olga María reflexiona sobre lo que significa comprometerse y defiende que la renuncia no debe verse desde una perspectiva negativa. «Un religioso renuncia a bienes de la mayor estima como puede ser el matrimonio o el dinero. Tú renuncias a cosas buenas por algo mejor que es el plan de Dios para ti», sostiene. Para la monja, el balance de su entrega es positivo y ha superado con creces cualquier renuncia realizada en su juventud. Para ella, la felicidad no consiste en que todo sea fácil , sino en vivir una existencia plena de sentido.