La muerte es universalmente entendida como el final de la vida , al menos terrenal, según el punto de vista de algunas religiones. Se trata de un suceso irreversible , pero, en historias como las de Eduardo, estas premisas no se cumplen. Y es que la historia de este joven es de esas difíciles de creer por lo excepcional e inusual que resulta. Tal como él mismo cuenta en sus redes sociales, estuvo muerto durante 65 minutos cuando tenía 33 años, pero volvió a la vida. «En 2025 se me paró el corazón después de jugar al tenis, resucité con 33 años y 17 días» , escribía Eduardo en una de sus publicaciones de Instagram, donde suele compartir todo tipo de detalles sobre su historia y su recuperación. Cuando sufrió el paro cardíaco, lo siguiente que recordaba era despertar en el hospital, ver a su padre que le mostró su apoyo, y volver a perder el conocimiento. Despertó en la UVI y, tal como recogen desde Informativos Telecinco, donde le entrevistaron, Eduardo creía que había tenido un accidente de tráfico y comprobó si conservaba las piernas y su movilidad. Pasado un rato, le contaron que había estado muerto durante una hora aproximadamente: «Me lo tuvieron que repetir varias veces, porque al despertarme me olvidaba de todo », admitía. A esto se suma que los profesionales que le atendieron reconocieron no haber vivido un caso como aquel tras años ejerciendo. Así, el joven reconoció lo que le había ocurrido como un fenómeno excepcional: «A pesar de que llevaba mucho más tiempo de lo que el protocolo decía, todos sentían que tenían que seguir intentando reanimarme » y añadía: «Ahora que lo veo, la realidad es que fue un milagro». Antes de poder verlo, su familia había recibido información sobre su estado, y los médicos adelantaban que, de sobrevivir, podría quedar con graves daños neurológicos. Pero la realidad fue muy distinta: apenas tenía secuelas , como una pequeña zona del corazón dañada, y algunas pérdidas de memoria durante los primeros meses de recuperación. La parte mental fue algo más complicada , pues después de haber pasado por recuperarse de una parada del corazón, le daba miedo hacer deporte y reconoce que tardó bastante tiempo en, simplemente, volver a ser capaz de correr. En este proceso, según la fuente citada, Eduardo contaba que experimentó algo que afectaría por siempre a cómo entiende la existencia, la vida y la muerte: « Vi a mi abuelo, fallecido veinte años atrás, en una especie de tribunal . Allí me comunicaban que la situación iba a ser difícil, pero que no podía quedarme con él y tenía que regresar». Según detalla al citado medio, él fue el que le daba fuerzas para volver a la vida: «Me costaba muchísimo volver al cuerpo y mi abuelo era el que me ayudaba a volver con una energía, como si fuera un viento que me ayudaba a tener la fuerza necesaria para entrar en mi cuerpo». Convencido de haber transitado el más allá, recuerda no tener miedo a quedarse en ese estado, considerando que estaba «muy neutral» y reconocía: «Tengo la cabeza muy cuadriculada y a veces me cuesta creer que incluso lo que yo viví pudiera ser real» . Diferentes detalles confirmaron, para él «que la conciencia sale del cuerpo cuando el corazón se para» pues asegura que visualizó cómo le trasladaban en ambulancia escoltado por la policía, con un coche delante y otro detrás y preguntó a su familia si aquello había sido así, lo cual le confirmaron. Pasado un año de esta experiencia en la que Eduardo describe que resucitó, asegura que ha «perdido completamente el miedo a la muerte , y ahora solo me preocupa vivir lo suficiente como para poder dejar mi legado». El joven usa sus redes sociales para dar testimonio de su realidad, ayudar a otras personas con problemas de salud y, según ha asegurado, intentar «continuar con el legado que dejó Félix Rodrñiguez de la Fuente, y ayudar al ser humano a vivir de una forma más integrada con la naturaliza, respetándose a sí mismo y a todo lo que le rodea». Para él, la muerte ha supuesto algo diferente que para el resto del mundo en su mayoría, recibiendo esta experiencia como una segunda oportunidad para vivir más y mejor, como un aprendizaje, agradeciendo cada día y creando un proyecto para intentar ayudar a los demás.