Las vacas son esenciales para la producción mundial de leche y carne, pero también figuran entre las principales fuentes de emisiones de metano, un gas de efecto invernadero con una capacidad de calentamiento muy superior a la del dióxido de carbono a corto plazo. Reducir ese impacto sin comprometer la producción se ha convertido en uno de los grandes desafíos de la ganadería y de la investigación agroalimentaria. Ahora, un equipo internacional de científicos ha encontrado un aliado inesperado en el interior del aparato digestivo de estos animales. El estudio, liderado por el Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA) y publicado en The ISME Journal, ha identificado grupos de bacterias presentes en el rumen —el primer compartimento del estómago de las vacas— que están relacionados tanto con una menor producción de metano como con un mejor aprovechamiento del alimento. El hallazgo abre la puerta a incorporar estos microorganismos a los programas de mejora genética para seleccionar animales más eficientes y con una menor huella ambiental. Aunque desde el exterior una vaca parezca un animal sencillo, en su interior alberga uno de los ecosistemas microbianos más complejos de la naturaleza. El rumen funciona como una enorme cámara de fermentación donde miles de millones de bacterias, arqueas, hongos y protozoos descomponen la fibra de la hierba y los forrajes que el animal no podría digerir por sí solo. Gracias a esa actividad microbiana, la vaca obtiene los nutrientes necesarios para crecer o producir leche. Sin embargo, el mismo proceso genera metano, que el animal expulsa principalmente mediante eructos y que representa una parte importante de las emisiones asociadas a la ganadería bovina. Durante años, numerosos equipos científicos han tratado de encontrar formas de reducir esa producción de metano. Se han ensayado cambios en la alimentación, aditivos nutricionales o nuevas estrategias de manejo, pero una de las grandes incógnitas seguía siendo si el propio microbioma del rumen podía convertirse en una herramienta para seleccionar animales más sostenibles. Para responder a esa pregunta, investigadores de Europa, Canadá, Australia e Israel analizaron muestras del rumen de 2.496 vacas pertenecientes a distintas razas, entre ellas Holstein, Angus y Charolais, procedentes de Reino Unido, Francia, Irlanda, Italia y Canadá. El trabajo fue coordinado por el IRTA con la participación de instituciones como la Universidad Ben-Gurion del Néguev, Teagasc, la Universidad de Galway, la Universidad de Alberta, la Universidad de Nottingham, INRAE, la Università Cattolica del Sacro Cuore y Luke, entre otros centros de investigación. En lugar de estudiar cientos de especies bacterianas por separado, los científicos utilizaron herramientas estadísticas capaces de detectar patrones repetidos dentro de ese inmenso universo microbiano. Así identificaron catorce grupos de microorganismos que tienden a convivir de manera estable en el rumen y que bautizaron como Ruminosignatures o «firmas microbianas». Estas firmas explicaban prácticamente toda la variabilidad observada entre los microbiomas de los animales analizados, lo que las convierte en una forma mucho más sencilla de comprender el funcionamiento de este ecosistema. Entre todas las comunidades microbianas detectadas, los investigadores comprobaron que una firma dominada por un género bacteriano conocido como UBA2810 aparecía de forma consistente en animales que emitían menos metano, independientemente del país, la raza o el sistema de producción. Además, en varias de las poblaciones estudiadas, las vacas con mayor presencia de esta comunidad bacteriana también aprovechaban mejor el alimento, produciendo más leche o ganando más peso con la misma cantidad de pienso. El resultado sugiere que ambas características —eficiencia y menor impacto ambiental— podrían estar relacionadas. Porque uno de los aspectos más relevantes del trabajo fue comprobar que estas comunidades bacterianas no dependen únicamente de la dieta. Los investigadores observaron que parte de las diferencias entre animales tiene una base genética heredable. En función de la población analizada, entre el 9% y el 58% de la presencia de determinadas firmas microbianas estaba condicionada por la genética del propio animal. Este hallazgo significa que, igual que hoy se seleccionan vacas por su producción de leche o por su fertilidad, en el futuro también podría incorporarse información sobre su microbioma para favorecer animales con menores emisiones de metano. Medir directamente el metano que emite cada vaca requiere equipos especializados y supone un coste muy elevado, lo que dificulta su aplicación a gran escala en los programas de mejora genética. Las firmas microbianas descubiertas por el equipo internacional podrían convertirse en un indicador indirecto mucho más accesible. Si su relación con las emisiones continúa confirmándose en futuras investigaciones, bastaría con analizar el microbioma del rumen para identificar animales con un perfil más favorable. Los científicos subrayan, no obstante, que todavía será necesario validar estos resultados en nuevas poblaciones y comprobar cómo interactúan con factores como la alimentación, el clima o el sistema de producción. El estudio también muestra que no todas las comunidades bacterianas son universales. Junto a las firmas presentes en todas las poblaciones aparecieron otras características específicas de determinadas razas, dietas o modelos ganaderos. Esto indica que futuras estrategias dirigidas a modificar el microbioma mediante alimentación o suplementos deberán adaptarse a las condiciones de cada explotación. En otras palabras, no existirá una única receta válida para todas las vacas. La investigación se enmarca en el proyecto europeo HoloRuminant, financiado por Horizon 2020, cuyo objetivo es comprender cómo influyen los microorganismos presentes en distintas partes del cuerpo de los rumiantes sobre su salud, bienestar, productividad e impacto ambiental. Aunque todavía quedan preguntas por resolver, el trabajo supone un paso importante hacia una ganadería más eficiente y sostenible. En lugar de centrar todos los esfuerzos únicamente en modificar la alimentación o desarrollar nuevas tecnologías de captura de emisiones, los científicos empiezan a mirar hacia un aliado microscópico que lleva millones de años viviendo en el interior de las vacas. Si esas bacterias pueden ayudar a producir la misma cantidad de leche o carne con menos alimento y menos emisiones de metano, la transición hacia una ganadería con menor impacto climático podría empezar, literalmente, desde dentro del rumen.