El alcalde de Berlín renuncia a la reelección tras el escándalo del apagón
En plena pausa política estival y en medio de la contienda electoral, a poco más de dos meses de las elecciones del próximo 20 de septiembre, el alcalde cristianodemócrata de Berlín, Kai Wegner, anunció su renuncia como candidato de su partido a esos comicios. Hijo de un albañil y de una dependienta, y de profesión soldado y vendedor de seguros antes de dedicarse a la política, pondrá así fin al mandato que comenzó en 2023.
"Yo soy el que más se enfada al respecto", aseguraba el político, que anteriormente también fue diputado de la CDU en el Bundestag, al reconocer los "errores de comunicación" que cometió el pasado enero durante un apagón que afectó a dos barrios y dejó sin electricidad a decenas de miles de berlineses. Wegner, al parecer, se dedicó ese día a jugar al tenis a pesar de que ya sabía que buena parte de la ciudad sufría un blackout. En un principio aseguró que había coordinado la emergencia por teléfono, pero ahora se conocía que tal actividad fue mucho menor de lo que había explicado en un primer momento.
Más de 100.000 personas resultaron afectadas
El diario Tagesspiegel consiguió que la justicia le diera la razón y le permitiese obtener la información de si el alcalde de Berlín había hablado con la cancillería, tal como había asegurado. El apagón, que se cree fue provocado por un ataque de un grupo de extrema izquierda autodenominado "Grupo volcán", afectó a más de 100.000 personas y a unas 22.000 empresas desde el 3 al 7 de enero. El apagón afectó a hospitales, residencias de mayores, centros asistenciales y otras infraestructuras críticas. Al menos una persona mayor falleció a causa de las bajas temperaturas y la falta de calefacción en medio de una ola de frío con nieve que duró varias semanas.
La cancillería no queda en buen lugar, ya que durante meses no hizo público que dicha comunicación no había tenido lugar y ni siquiera evitó que Wegner fuera propuesto y elegido de nuevo, lo que con toda probabilidad no habría ocurrido de haberse sabido antes. Wegner había asegurado que empezó a las ocho a hacer llamadas para solucionar e informarse sobre el apagón, cuando en realidad no empezó hasta las doce y media.
Wegner prometía así que "los ciudadanos de esta ciudad y mi partido son muy importantes para mí" y que, precisamente por eso, había decidido no ser el candidato de la CDU, a pesar de que el partido lo había elegido para ese cargo el pasado mes de junio. Ahora, lo importante era «evitar que la CDU dé paso a un gobierno de izquierdas liderado por Die Linke, reforzar el centro y evitar que la extrema izquierda asuma el liderazgo de esta ciudad», aseguraba con preocupación.
Una victoria ajustada
Y es que las encuestas otorgan en estos momentos una victoria muy ajustada a Die Linke, con alrededor del 20 % de los votos, seguido por Los Verdes (Die Grünen), con un 19 %, y la formación de extrema derecha AfD, con un 18 %. Los partidos tradicionales, que gobiernan en una gran coalición formada por la CDU y el Partido Socialdemócrata (SPD), quedarían relegados a la cuarta y quinta posición, con un 17 % y un 13 % de los votos, respectivamente. Un resultado así podría conllevar un gobierno de coalición rojo-rojo-verde como el que ya gobernó la capital entre 2016 y 2023. Y es que ni siquiera ignorando el cordón sanitario darían los números para un gobierno de la derecha con AfD.
El partido de la izquierda Die Linke consiguió doblar sus resultados en la ciudad de Berlín en las elecciones al Bundestag gracias a un fuerte marketing que llevó a cabo puerta por puerta. Los diputados ofrecen consultas sociales en las que resolver problemas de los ciudadanos, como pedir ayudas públicas o comprobar si el nivel del alquiler que pagan se adapta a la ley berlinesa.
La crisis de la socialdemocracia en Berlín, donde el partido normalmente obtiene peores resultados que a nivel federal y la izquierda se beneficia de la sociedad multicultural berlinesa, se une a la pésima popularidad del canciller Friedrich Merz. El ascenso de la extrema derecha, que sería ahora la tercera fuerza, resulta especialmente llamativo en la capital, una de las ciudades más liberales y alternativas de Europa, y da muestras del descontento con la crisis generalizada y los recortes del gobierno de la gran coalición conjunta con los socialdemócratas.
