Por fin. Alejandro Davidovich levanta su primer título ATP y rompe de una patada esa rémora que lo acompañaba: cinco finales, cinco derrotas. A la sexta, por fin, la gloria. Ante Ethan Quinn, 22 años y 63 del mundo. Trofeo del ATP 250 de Mallorca y foto principal. Y también el alivio. Ya sabe que puede dominar sus demonios, sus agobios, sus vértigos de las alturas. Ya sabe que puede ser campeón. Ya es campeón. Le ha costado al malagueño. Que esta era la sexta final que se había trabajado en su carrera. En la primera, en el Masters 1.000 de Montecarlo 2022, poco pudo hacer contra aquel Stefanos Tsitsipas en su mejor momento que conquistaba el torneo monegasco por segunda ocasión consecutiva. Ya en 2025, la peor racha, pues encadenó cuatro finales sin cazar el premio. En Delray Beach, contra Miomir Kecmanovic, desaprovechó hasta dos bolas de partido para caer por 3-6, 6-1 y 7-5. En Acapulco, Tomas Machac fue superior, sobre todo con su saque en el segundo set, en el que ganó 37 de los 39 puntos puestos en juego con ese golpe (7-6 (6) y 6-2)). En Washington tuvo otras tres bolas de partido ante Alex de Miñaur para hacerse con el título después de un reñidísimo encuentro a tres sets (5-7, 6-1 y 7-6 (3)). Y en Basilea, lo sorprendió la vertiginosa derecha de Joao Fonseca (6-3 y 6-4). Pero a la sexta, ahí está Davidovich, reivindicando que para ganar una final primero hay que jugarla. Y que incluso hay quien nunca logra un título ATP en su carrera. Él ya no está en esa lista después de bregar contra el estadounidense. Igualado el primer set, el español se despejó de nervios y fantasmas del pasado en el 'tie break' y solventó el desempate con maestría y buenas derechas. Para el segundo set, el rival se multiplicó, pues estaba al otro lado de la red y en su propia mano, demasiadas cosas en la cabeza y cinco finales perdidas que se cuelan en los peores momentos. Pero aguanta y aguanta y aguanta Davidovich un intercambio de 17 golpes con Quinn para levantar el brazo y lograr la rotura que lo ponía por delante en el segundo capítulo con 5-2. Y lejos de tembleques, el malagueño se apoya sobre su saque (70 %), potentísimos y dirigidos a las líneas para levantar los momentos peliagudos en los que se mete cuando saca para ganar con 5-3. En un gran ejercicio de limpiar la mente de errores del pasado, Davidovich completó con contundencia ese último juego con el que rompe una frontera mental, psicológica y de historia del tenis que ya no tendrá que volver a cruzar. Esta vez sí, esta vez es mía la victoria, el título, la gloria. «Gracias, es emocionante tener el primer título. Hoy ha sido una gran batalla. Él ha jugado muy bien. Pero yo he estado esforzándome porque sabía que esto tenía que ser mío, en España, en casa, el primero. En la hierba puede pasar de todo. He sentido muchísimo el apoyo del público, el que me ha apoyado aquí, pero también en los años anteriores, como el pasado, que fue duro. No tengo palabras para describir lo que siento ahora. Quizá la diferencia es que tengo más experiencia en finales», comentó el malagueño, extenuado, emocionado y campeón. «No sabéis lo que se siente entrar como segundo jugador y no primero como subcampeón. Estos dos años han sido muy duros, pero con mucha alegría. El cambio que hicimos fue a mejor, con la incorporación del mesías, de Pepo, estoy muy contento. Le dedico el triunfo a mi madre, y a mi padre, que está en el cielo y que me dio la raqueta cuando tenía dos años y medio. Me han apoyado todo este tiempo. A todos los que han pasado por mi vida, gracias también. Y a los recogepelotas, que cada vez que ibais con la toalla me decías 'vamos, Alex', y os doy las gracias por ese apoyo extra mientras estabais trabajando. Este torneo no lo voy a olvidar nunca», comentó después en su discurso de campeón. «Me voy a arrepentir luego porque no sé si se me olvida algo. Bueno, y gracias a los que no confiaron en mí», finalizó. Es el primer título y, además, con nuevo entrenador, casi recién estrenado, un Pepo Clavet que le ha cogido la mano después del abrupto final que tuvo el malagueño con Mariano Puerta , que lo dejó plantado en mitad de Roland Garros. Con este título, es el sexto jugador del circuito masculino que estrena vitrina en este curso, como antes hicieron Tomas Etcheverry, Rafa Jódar, Mariano Navone, Ignacio Buse y Tomas Machac. Y entra en la historia del tenis español, al lograr un título en hierba como hicieron Manolo Santana, Manuel Orantes, Andrés Gimeno, Conchita Martínez, David Ferrer, Roberto Bautista, Feliciano López, Rafa Nadal, Garbiñe Muguruza y Carlos Alcaraz.