El equipo del programa de Mediaset creyó haber dado con el match ideal para Blanca. La intentó emparejar con Juan (68), un encargado de obra jubilado procedente de Burgos que se describió como un hombre «con mucho sentido del humor y mala leche, lo que pasa es que me la escondo». Sin embargo, ella ni siquiera pudo averiguar si él sería la persona idónea con la que rehacer su vida. Y es que Juan se marchó sin despedirse, justo antes de la cena que tenían planeada. Con su actitud distante y cortante, el soltero se encargó de dejar claro desde que se vieron en la barra el jarro de agua helada que le cayó encima al conocerla. Pese a que aseguró que no tiene ningún estereotipo de mujer definido, «esa persona conmigo no pega nada», aseveró en privado. El físico, señaló, le parecía el de una persona muy mayor, y el pelo no le gustaba en absoluto. No se acercó a ella, ni estableció contacto visual, y en la poca conversación que entablaron, su intervención fue escueta y cortante. Blanca asumió que no le había gustado. No obstante, jamás se imaginó la reacción del soltero a continuación. En el momento de trasladarse a la mesa para iniciar la velada, él se levantó, pero para dirigirse a la puerta. Por más que Lidia Santos intentó que al menos se sentara a charlar con Blanca, Juan ya había tomado la decisión y le daba igual quedar fatal. La excusa que puso sobre la distancia no se la creyó ni él mismo. «Una mujer me entra por los ojos e intento lo que haga falta. Me la pueden poner bañada en oro, que me da igual. No soy ningún Adonis, pero nunca me ha preocupado lo que piensen los demás, y ahora tampoco», sentenció en los totales. Con un «hasta luego», abandonaba el restaurante, dejando a la camarera con la palabra en la boca. La soltera lo tachaba de sinvergüenza. «Quedar bien no cuesta nada», manifestó. «No esperábamos esta reacción», se disculpaba Santos. Si bien Blanca no lo sintió demasiado, o eso aseguró. «Mejor imposible, no me gustaba nada. Tiene la cara de un ogro. Yo soy una señora de pies a cabeza y tengo educación y vergüenza». Lo único que le pesó fue abandonar 'First Dates' sin su soñada cita. La mano derecha de Carlos Sobera le prometió que le buscarían otro pretendiente.