María González: «El Papa se ha convertido en el mejor influencer de Cáritas»
Si hay una organización que ha estado omnipresente en prácticamente todos los encuentros que León XIV ha mantenido en España ha sido Cáritas. A los testimonios en primera persona de quienes están siendo acompañados por la plataforma social de la Iglesia se suman la voz de anuncio y de denuncia de los voluntarios y trabajadores que han sido escuchados lo mismo en Madrid y Barcelona, que en Canarias. La peregrinación papal ha permitido así visibilizar con rostro y nombre a las más de 2,1 millones de personas a las que ayudan tanto dentro del país como en proyectos de cooperación internacional, destinando más de 486,9 millones de euros. Al frente del día a día de Cáritas Española está María González Dyne, que este año se ha estrenado como secretaria general.
De principio a fin, Cáritas ha estado en un primer plano: del centro para personas sin hogar de Carabanchel al puerto de Arguineguín y más allá. ¿Hay mejor embajador que el Papa?
En la era de las redes sociales León XIV se ha convertido sin lugar a dudas en el mejor influencer de Cáritas. Su gesto de empezar y terminar su viaje con dos de las realidades más preocupantes de nuestro país, las personas sin hogar y las personas migrantes, supone un gran impulso para comprometernos como sociedad para resolver las causas estructurales de la pobreza. El Santo Padre dijo en Cedia que nuestra responsabilidad ante quienes están necesitados no admite demoras.
En no pocas ocasiones, hay quien ha dejado caer que Cáritas es una ONG vinculada a la Iglesia, pero no identificada plenamente. Creo que esta visita ha descartado cualquier duda.
Todos hemos sido testigos estos días de cómo las comunidades cristianas acompañan a pie de parroquia a las personas más vulnerables en sus dificultades cotidianas. Todavía tenemos grabada en la retina la visita del Papa a la parroquia San Agustín en Barcelona en la que Renzo, un niño de siete años, ha preguntado al Santo Padre por qué sus padres trabajan todo el día y sin embargo siempre parecen preocupados. Cáritas somos la Iglesia, no una ONG. Somos la propia comunidad cristiana que sale al encuentro de los que sufren, de los que se encuentran en exclusión social o están en riesgo de pobreza.
¿Verdaderamente cambiará algo en los políticos el hecho de que la Iglesia haya puesto el foco en la realidad migratoria o pasado mañana todo seguirá igual?
No podemos saber cómo Dios actúa en el corazón de cada persona, pero la visita del Papa nos está ayudando a todos como sociedad a ampliar nuestra mirada para poder dar una respuesta que vaya más allá de la mera gestión de los flujos migratorios. Una respuesta que se centre en las personas, en las causas que les obligan a partir y en las posibilidades para una acogida respetuosa y una integración real.
¿Cáritas respalda la regularización de los migrantes porque hace negocio con ellos?
Cáritas respalda la regularización de las personas migrantes por la sagrada e inviolable dignidad que tenemos todos los seres humanos independientemente de nuestro lugar de nacimiento, nuestra religión o condición económica y social. Nuestro trabajo cotidiano nos enseña que la irregularidad administrativa coloca a las personas en una situación de fuerte vulnerabilidad, ya que limita gravemente su acceso a derechos básicos y las expone a múltiples formas de discriminación. Según el IX Informe Foessa, casi nueve millones de personas migrantes viven en nuestro país. La situación administrativa irregular en la que están muchas de ellas provoca que el 68% se encuentre en exclusión social.
Los testimonios que se han escuchado a lo largo del viaje de las personas a las que Cáritas ayuda rompen con el imaginario de la pobreza extrema. ¿Cala en la ciudadanía que la exclusión vive en la puerta de al lado de manera silenciosa?
Lamentablemente, la exclusión es una realidad invisibilizada. Convive con nosotros, tiene rostros muy concretos, pero muchas veces no somos capaces de verla. Muchos de esos rostros son personas que trabajan pero no llegan a fin de mes. Uno de cada diez trabajadores en nuestro país atraviesa hoy esa situación. El 33% de la infancia está en exclusión severa y uno cada cinco hogares encabezados por mujeres están en riesgo de pobreza. Las personas migrantes también se ven afectadas por la marginalidad, ya que su tasa de exclusión triplica a la de la población autóctona. El Papa estos días ha puesto nombre y apellido a estas personas. Hemos podido conocer sus historias durante su visita al centro Cedia, a la prisión de Brians, en tantos testimonios que nos ayudan a caer en la cuenta de que muchas de estas personas pueden estar más cerca de lo que pensamos si aprendemos a alzar nuestra mirada y ver más allá.
En el estadio olímpico de Barcelona también se escuchó el testimonio de dos jóvenes víctimas de la enfermedad mental y de la violencia machista. A Cáritas tampoco le son ajenos estos desafíos sociales…
A Cáritas –como a toda la Iglesia– nada de lo humano le es ajeno. Llevamos muchos años trabajando con estas dos realidades y también con las mujeres víctimas de trata. En el muelle de Arguineguín escuchábamos precisamente el testimonio de una mujer migrante a la que las mafias habían obligado a prostituirse después de quitarle a su hijo recién nacido. Nuestra labor de acompañamiento nos demuestra que estas situaciones suelen permanecer ocultas a los ojos de nuestra sociedad. Esta falta de concienciación social no solo estigmatiza a quienes llegan a nuestros centros, sino que incrementa su vulnerabilidad y el riesgo de exclusión social. Junto al sufrimiento, es esperanzador ver la enorme fortaleza y capacidad de superación que demuestran estas personas que, con el apoyo adecuado, consiguen transformar sus realidades en el día a día y reconstruir su futuro.
¿Qué nota le daría al discurso del Papa ante Las Cortes?
Tomando prestadas las palabras del propio León XIV podemos decir que ha marcado «un golazo para siempre» en las Cortes. Su mensaje ha sido magnánimo, al invitarnos a poner el valor de la vida, la familia y la dignidad de todas las personas como «una meta de civilización». Sus palabras hacen referencia a la más alta política que todos los partidos han de perseguir. Eso puede suponer puntos de encuentro y marcar un horizonte común hacia el que puedan dirigirse los partidos políticos. El Santo Padre además nos está insistiendo estos días mucho en una pregunta: ¿Qué sociedad estamos construyendo? Anhelo y confío en que esa pregunta anide en nuestro corazón y dé frutos.
«Nadie puede arrodillarse ante Dios y despreciar al hermano». Este mensaje en la misa del Corpus a los católicos brota en un momento de auge de algunas realidades eclesiales intimistas que parecen olvidarse de los últimos o que ven que la caridad es un anexo. ¿Urge catequizar a los cristianos sobre el compromiso ineludible por la opción preferencial por los pobres?
El cristianismo es una relación personal con Cristo, con un Dios que nos ama. La primera consecuencia de ese amor es precisamente sentirnos responsables del otro, sobre todo del que es más débil y vulnerable, y esforzarnos por buscar su bien. La segunda es la justicia, que significa dar al otro lo que es «suyo», lo que le corresponde en virtud de ser una persona. Por eso la justicia constituye la «medida mínima» del amor. La opción preferencial por los pobres no es una opción para los cristianos. Es el corazón de nuestra fe en Jesucristo.
