La magnitud de la obra de Aníbal González es digna de estudio y puesta en valor. Una de las voces expertas más cercanas a toda la dimensión del legado del insigne arquitecto y de su contexto es sangre de su sangre. Su nieto, Aníbal González Serrano , lleva media vida trabajando arduamente para que se reconozca como es debido la relevancia de la figura de su abuelo, destacando la publicación en 2021 del libro 'Inspiración, trabajo y constancia. Trayectoria personal y profesional del arquitecto Aníbal González Álvarez-Ossorio', que realiza un detallado recorrido por toda su carrera. Ahora, coincidiendo con el 150 aniversario de su nacimiento y con el cada vez más cercano centenario de la Exposición del 29, reconoce que realiza más conferencias y paseos por las obras de su abuelo que nunca y que el interés del público por el tema es enorme. González Serrano, volcado con su abuelo pese a dedicarse a la estomatología y no al mundo de la arquitectura ni la historia del arte, reconoce que esta es «una efeméride importantísima para nosotros, pero no solamente para la familia, sino para todos los sevillanos. Encontrarnos con un personaje del calibre de don Aníbal González es una auténtica maravilla y hace que venga mucha más gente a ver la ciudad y a conocer su obra». Una obra que ha adquirido un carácter universal. Sin embargo, no las tenía todas consigo el joven Aníbal González para convertirse en todo un icono de la arquitectura y el urbanismo. Era el sexto hijo del matrimonio de José González Espejo y Catalina Álvarez-Ossorio y Pizarro, una familia ilustrada especialmente por la parte de los Álvarez-Ossorio. pero «no bien acomodada», como subraya su nieto: «Aníbal tuvo que hacer un gran esfuerzo para poder hacer lo que quiso hacer, y pese a todo consiguió ser un gran arquitecto, probablemente el más importante del siglo XX en Sevilla y Andalucía». Tanto ese trabajo duro como el talento y la vocación comenzaron desde bien temprano: «Aníbal luchó mucho desde pequeño por sacar buenas notas, era un buen matemático, dibujaba fantásticamente bien y le encantaba hacer dibujos y revistillas. En eso tuvo bastante influencia su primo hermano y amigo Torcuato Luca de Tena, fundador de Blanco y Negro y de ABC. Probablemente, toda esa influencia hizo que Aníbal estuviera siempre metido en todos los saraos culturales de la ciudad de Sevilla, especialmente en el Ateneo», donde llegó a ser nombrado presidente aunque no pudiera tomar posesión por su prematura muerte. Todo ese contexto fue el que dio origen a lo que poco más tarde se convertiría en una de las figuras más relevantes del siglo pasado en la ciudad, cambiando por completo la imagen de una ciudad que en muchos aspectos se había quedado estancada. «No sé si fue un revolucionario, pero desde luego hizo una gran aportación a la arquitectura sevillana, porque el regionalismo no es regionalismo andaluz, es regionalismo sevillano . Eso tiene que quedar claro. Y ese regionalismo que hace Aníbal González especialmente manifiesto en la Plaza de España hace una serie de aportaciones al regionalismo convencional que después seguirán muchos otros», aclara González Serrano. Un regionalismo que llegó después de una primera etapa modernista entre 1902 y 1906 «porque venía influenciado por la Escuela de Arquitectura de Madrid, donde tomaron nota de lo que imperaba en Europa en aquel momento». Más adelante se sumergiría de lleno en el historicismo y en la arquiectura nacional, «una arquitectura eminentemente española que aparece por el cambio de actitud en los arquitectos» tras la pérdida de las últimas colonias españolas de ultramar. Una vez dio rienda suelta al regionalismo, lo demás es historia. Pero su nieto hace hincapié en que «a Aníbal González no hay que verlo solamente como arquitecto, hay que verlo como un urbanista. Gracias a Aníbal se hicieron una serie de avenidas y se ampliaron distintas calles», cambiando por completo la configuración de la ciudad de forma paralela a la identidad visual de la misma. « La configuración era muy pueblerina , con calles muy estrechas, falta de asfaltado, de agua corriente y desagües». Todo eso, que otras ciudades del centro y norte del paí habían experimentado décadas antes, se dio en Sevilla de la mano de figuras como la de Aníbal González mientras ya iba dando forma a todo lo que serían los espacios de la Exposición Iberoamericana que ahora el Ayuntamiento propone elevar a Patrimonio Mundial. La Plaza de España se ha erigido como la obra paradigmática y más representativa no sólo de todo lo que supuso la Exposición Iberoamericana de 1929, sino de la producción de Aníbal González, de tal manera que a día de hoy es un imprescindible en la hoja de ruta de todo aquel que visita Sevilla. Construida entre 1914 y 1929, su autor reconoció ante la prensa en su momento que «era una mezcla de estilos. Esto es un eclecticismo, hay una parte que es renacentista, otra barroca y otra mudéjar». Quizá eso sea lo que la hace única y un auténtico imán para sevillanos y foráneos. Así se lo han hecho saber a Aníbal González Serrano: «Cuando he salido fuera, me decían que lo que más les había impresionado de Sevilla era la Plaza de España». Algo que respaldan sus cifras cada vez más altas de visitantes, de varios millones al año, y el interés que despierta a lo largo y ancho del globo. «Los sevillanos tenemos que cuidar y conservar nuestra Plaza de España, porque esto es para las generaciones venideras, no para nuestros hijos y nietos, que ya lo están viviendo, sino para los bisnietos y tantas otras generaciones que vendrán», subraya el nieto del arquitecto que lo observa todo desde su estatua en bronce frente a la obra que lo encumbró a lo más alto. Afortunadamente, cree que el reconocimiento de la obra de Aníbal González entre los sevillanos es cada vez más elevado: «Todos estamos a una, todos queremos conservar la Plaza de España y que toda la obra de Aníbal González se ponga cada vez más en valor. Si estuviéramos en Barcelona, Aníbal González habría sido otra cosa. Durante un tiempo, su memoria se conservó aquí en Sevilla como la de un arquitecto local, pero ya no lo es; ahora es verdaderamente internacional». No todo el mundo es recordado cuando cumple 150 años. Aníbal González lo será cuando cumpla 200, 250 y probablemente 500.