Andrés Roca Rey ya está en casa. Tras recibir el alta hospitalaria el pasado martes, tras la grave cogida sufrida en la Real Maestranza, el torero ha iniciado una nueva fase en su recuperación lejos del hospital, pero igual de exigente: la rehabilitación. «Agradecido a la vida, a Dios y a toda la gente que ha estado preocupada por mí», confesaba a su salida del Hospital Viamed Santa Ángela de la Cruz, visiblemente emocionado y apoyado en un bastón. Ahora, el foco está puesto en su evolución física, con sesiones ya en marcha junto a su equipo médico. El lugar elegido para este proceso no es casual. El diestro peruano se recupera en La Consentida, su finca en Sevilla, un refugio personal donde encuentra calma, lejos del ruido, y donde se rodea de lo esencial: su familia, su pareja y el campo. La Consentida no es solo una propiedad, es un espacio íntimo que el propio torero ha definido con claridad en una entrevista con '¡HOLA!': «Esta casa es mucho más que una propiedad… Es un espacio donde puedo soltar la presión, dejar de ser Roca Rey y volver a ser simplemente Andrés». Ubicada en Gerena, a pocos minutos de Sevilla, la finca cuenta con unas diez hectáreas de terreno y responde al estilo clásico del cortijo andaluz: paredes encaladas, tejas de barro, patios interiores y amplios espacios abiertos pensados para la vida tranquila. El entorno está diseñado para desconectar. Jardines, porche, piscina, capilla y zonas de descanso se combinan con elementos más personales como una pequeña plaza de toros donde entrena. Todo ello rodeado de animales —ovejas, vacas bravas, burros o incluso un mastín— que refuerzan ese vínculo directo con el campo. En el interior, La Consentida mezcla tradición y funcionalidad. Libros de arte, de toreo y de pensamiento conviven con recuerdos personales en un ambiente pensado para largas sobremesas y encuentros con los suyos. El salón con chimenea es uno de los puntos clave de la vivienda. «La tradición me recuerda de dónde vengo… la modernidad me impulsa a evolucionar sin miedo», explicó el diestro al citado medio. Una filosofía que se traslada a cada rincón de la finca. Incluso los elementos más simbólicos tienen un significado emocional. «Cada cabeza de toro no es un trofeo frío, es un recuerdo vivo de las tardes en las que me jugué todo», añadía en esa misma conversación, dejando claro que su casa también es una extensión de su carrera. En este proceso de recuperación, Roca Rey no está solo. Sus padres, Fernando y María Mercedes, viajaron desde Lima el pasado fin de semana para acompañarlo tras la angustia inicial. Un gesto que refleja el fuerte vínculo familiar del torero. También está a su lado Tana Rivera, que no se ha separado de él desde la cogida y que continúa acompañándolo ahora en la finca. Su presencia cobra especial relevancia en este momento, consolidando una relación que ha dado un paso más en medio de la adversidad. El propio torero ha hablado en varias ocasiones del papel fundamental de sus padres en su vida. «Mi padre siempre ha sido mi maestro, mi guía, mi referente», ha compartido en sus redes, mientras que sobre su madre asegura: «Para mí una mamá es lo más importante que puede tener un hijo». Aunque el alta hospitalaria marca un avance importante, el proceso no ha hecho más que empezar. La rehabilitación será clave en las próximas semanas, con trabajo físico intensivo y seguimiento médico constante. «Ahora viene la parte dura de la recuperación, que es la rehabilitación, pero contento de poder estar aquí», explicaba el torero a los medios tras abandonar el hospital. Mientras tanto, todas las miradas están puestas en una posible reaparición en San Isidro, prevista para finales de mayo, aunque por ahora no hay confirmación. Roca Rey, prudente, centra todos sus esfuerzos en recuperarse sin precipitar los tiempos.