Es una satisfacción ver cómo las Fuerzas Armadas y la Guardia Civil han vuelto a estar presente en las procesiones de Semana Santa por toda España. Sin embargo en vez de retomar la tradición de un acompañamiento propio de Semana Santa, austero y de solemnidad y portar las armas a la funerala los Viernes Santo, asistimos a desfiles donde las escuadras de gastadores agitan sus armas y realizan pasos más propios de ballet o de 'majorettes' desvirtuando lo que desde mi punto de vista es un desfile militar donde debe existir marcialidad y austeridad en los movimientos. Estanislao Pery. Madrid Un país que abandona su campo, su agricultura, pone en riesgo su propio futuro. Cada vez hay menos personas dispuestas a trabajar la tierra. No les atrae el campo por diversos motivos y tiran hacia otras profesiones. La agricultura exige esfuerzo, largas jornadas y una dependencia constante del clima, que en muchas ocasiones acaba con el esfuerzo de trabajar la tierra durante un periodo largo de tiempo. Después de años de estudio, muchos jóvenes buscan profesiones más estables, mejor pagadas, y menos sacrificadas, y el campo deja de ser una opción para ellos. Mientras tanto, las explotaciones agrícolas encuentran cada vez más dificultades para reunir mano de obra, y más aún, la cualificada. Muchas cosechas salen adelante gracias a trabajadores extranjeros cuyo esfuerzo resulta imprescindible. Pero esta situación también revela una realidad preocupante: nuestra propia sociedad se está alejando de la actividad que produce algo tan básico como los alimentos, teniendo que comprarlos en países lejanos, cuando aquí se pueden producir a menor coste, lo que revierte económicamente, en favor de la gente Al mismo tiempo, aumenta la entrada de productos agrícolas procedentes de otros países, que incluso no se someten a las normas sobre pesticidas que manda Europa, haciéndolos peligrosos para la salud, y nos acostumbramos poco a poco a depender del exterior. Quizá no le estamos dando la importancia que merece producir alimentos en nuestro país. Porque cuando un país deja de trabajar su tierra, la deja de secano, tarde o temprano termina dependiendo de otros incluso para algo tan simple como poder comer. Cayetano Peláez del Rosal. Córdoba María Jesús Montero, sanchista convencida de primera hora, se ha autoproclamado: «La mujer con más poder de la democracia». La pregunta que cabe hacerse es para qué ha utilizado tanto poder del que presume siendo Vicepresidenta primera, ministra de Hacienda y Secretaria General del PSOE. La respuesta es obvia: para llevar a cabo una sangría fiscal que tantos problemas ha propiciado a las economías familiares para llegar a fin de mes. No lo ha utilizado para evitar que las tramas de corrupción se hayan instalado en ámbito gubernamental incluido su ministerio y en el PSOE. Con su poder ha apoyado y validado la colonización de instituciones del Estado y determinadas empresas, el blanqueo de terroristas de ETA, la humillación del Gobierno ante partidos separatistas, las agresiones y descalificaciones al poder judicial y UCO de la Guardia Civil, la financiación singular que perjudica a determinadas Comunidades Autónomas, los rescates de Air Europa y Plus Ultra, la entrada masiva de inmigrantes, ... Y, desde luego, no le ha servido para presentar presupuestos. Joaquín Mañeru López. Zaragoza