Cuando una persona muere, su alma debe seguir la Vía Láctea hasta llegar a San Andrés de Teixido, donde una barca guiará al espíritu a través del más allá, hasta llegar a la Isla de la Eterna Juventud. O no. Pero así cuenta la leyenda acerca de uno de los portales a otras dimensiones situados en Galicia. No hay leyenda que no sea fantástica, como fantástico es inventar, a través de una obra de arte, un universo digno de ser novelado. «Mi cuerpo es una puerta», dice uno de los personajes en una de las últimas creaciones videográficas del artista lucense Félix Fernández (Viveiro, Lugo, 1977). 'En los límites de la corporalidad' es el nombre de esta obra de 2023 que puede disfrutarse en la Fundación Eugenio Granell. Acompañando la muestra, titulada 'Atención plena', nos encontramos una selección de fotogramas dibujados en grafito, y también material fotográfico que ilustra y acompaña los vídeos, casi como souvenirs del viaje que suponen los cortos de ficción. 'Impermanencia' (2023) es otro de los trabajos fílmicos presente en la exposición, igualmente acompañado de dibujos y fotos en los que aparece el propio artista junto a otra actriz con la cara pintada con curvas de nivel, inspiradas en los tatuajes maoríes. Estas dos obras vertebran la exposición de Fernández en la Fundación Granell. Volvemos a 'Los límites de la corporalidad': «Mi cuerpo es una puerta». Continúa la voz en off: «Mi cuerpo es el principio de todo y gracias a él puedo ser. Pero no solo soy un cuerpo». Placer y batalla, deseo y canibalismo. Multiverso, las olas del mar y un firmamento icónico. Una fantasía única, por lo tanto. Cuerpo portal y cuerpo leyenda. En esta obra, pulida al máximo, brillante y sigilosa, aparecen los protagonistas desnudos, dibujados con puntos por toda la piel. Los personajes desarrollan una coreografía congelada, o bailada en ocasiones. El trabajo de Félix Fernández siempre actúa como un espejo en el que mirarse, libre de juicios, prejuicios y estereotipos visuales. El sonido, la Naturaleza y el cine construyen su personalidad plástica. El sonido es trasatlántico y la gestualidad ritual; y es que la construcción de realidades e identidades ha sido una constante desde sus comienzos en el mundo del videoarte. Su cuerpo y sus autorretratos han resultado el mejor soporte para que el espectador pueda verse reflejado. El arte contemporáneo es su peregrinación. Hay algo de libertad en su lenguaje visual, algo de necesidad también, como una alarma para despertarse. «Cada noite abandono o meu corpo». Es como si a través de los años, en todas sus creaciones audiovisuales, el artista fuera actualizando la misma necesidad: la identidad, la realidad y el más allá, el alén. Suma y sigue. Como una bola de fuego que gira entre las manos. Cuanto más carácter y más claridad denotan sus vídeos, más se aleja el ego y la noción del ser individual. Félix se busca en otros, y otros se buscan a través de él. Hay algo de druida contemporáneo en su trayectoria, pues conserva en la imagen un espacio para la magia, una conexión mística con el mundo natural a través del sonido y los peculiares habitantes de su imaginario. Los druidas eran grandes intérpretes del mundo factible. Eran profetas, sabios y, en definitiva, personajes difíciles de clasificar. Multidisciplinares. Dejémoslo ahí.