El Oceanogràfic de València ha dado un paso más en su apuesta por la divulgación con la inauguración de una nueva galería interactiva dedicada a los ecosistemas polares. Ubicada en el perímetro exterior de la instalación del Ártico, la propuesta transforma un espacio de tránsito en una experiencia inmersiva que combina arte, ciencia y participación activa del visitante. La iniciativa no solo busca acercar la realidad de los polos al público, sino hacerlo de una forma diferente a través de la ilustración, el juego y la interacción directa. El resultado es un recorrido expositivo que invita a explorar, detenerse y descubrir, alejándose del formato tradicional de paneles informativos. En total, la galería está compuesta por trece módulos interactivos que abordan distintos aspectos del medio marino polar. Cada uno de ellos combina contenido científico con propuestas visuales diseñadas para facilitar la comprensión de conceptos complejos. Así, el visitante no solo observa, sino que participa activamente en el proceso de aprendizaje. Uno de los elementos más destacados del proyecto es su fuerte componente artístico. Catorce ilustradores valencianos han participado en el diseño de los módulos, aportando estilos diversos que enriquecen la experiencia visual. Entre ellos se encuentran nombres como Paloma Lapalo, Silvia López, Javier Tostado o Elías Taño, todos ellos coordinados bajo la dirección creativa del diseñador MacDiego. La iniciativa tiene además un componente social relevante. Algunos de los artistas implicados se vieron afectados por la dana de 2024, que dañó sus estudios y limitó su actividad profesional durante meses. Su participación en este proyecto no solo supone una oportunidad laboral, sino también una forma de dar visibilidad a su trabajo en un espacio de gran proyección pública. Cada ilustrador ha desarrollado una pieza específica a partir de un contenido temático, lo que ha permitido crear una galería rica en matices pero coherente en su conjunto. La dirección artística de MacDiego ha sido clave para mantener una identidad visual unificada, inspirada en el movimiento Memphis, caracterizado por colores intensos, formas geométricas y composiciones dinámicas. Más allá del componente estético, el objetivo principal de la exposición es divulgar el funcionamiento y la fragilidad de los ecosistemas polares. Los módulos abordan cuestiones como la biodiversidad marina, los procesos ambientales o el impacto del cambio climático, utilizando recursos gráficos que facilitan la comprensión. En algunos casos, el visitante puede interactuar directamente con los contenidos mediante piezas móviles o elementos giratorios. Estos mecanismos permiten descubrir cómo determinadas especies se ven afectadas por los cambios en su entorno. Animales como tortugas marinas, tiburones, corales, pingüinos u osos polares aparecen representados en situaciones que reflejan los desafíos actuales de sus hábitats. El enfoque lúdico no resta rigor científico, sino que lo complementa. La combinación de imagen y participación convierte la visita en una experiencia didáctica accesible para públicos de todas las edades, desde escolares hasta adultos. La intervención no se limita a los módulos expositivos. Uno de los elementos más llamativos del proyecto es la transformación del pavimento que rodea la instalación del Ártico. El artista Martín Forés ha diseñado un suelo que simula una banquisa polar fragmentada, evocando el proceso de deshielo característico de estas regiones. El rediseño del espacio convierte así una zona de paso en un entorno inmersivo, donde cada elemento —desde las ilustraciones hasta el suelo— forma parte de un mismo relato que pone el foco en la importancia de comprender y preservar los océanos. Con esta nueva galería, el Oceanogràfic refuerza su papel como referente en educación ambiental y divulgación científica. La combinación de talento local, creatividad y contenido riguroso demuestra que es posible abordar temas complejos desde una perspectiva accesible y atractiva. En un contexto marcado por los desafíos climáticos, iniciativas como esta invitan a reflexionar desde la experiencia directa. Porque entender los polos —aunque estén a miles de kilómetros— es también una forma de entender el planeta en su conjunto.