«Siempre quise estar en el mundo del arte. Luego me dediqué a ser actriz. A mí me fascinaba el cine. Yo era pequeñita y les decía a mis padres que me dejaran en el cine y le dijeran al acomodador: ‘A esta niña del plumier rojo la vendremos a buscar después’. No quería salir, quería ver dos y tres veces las películas. Amaba esos mundos fascinantes». Lo decía Gemma Cuervo en ABC en junio de 2021 sobre el escenario del Teatro María Guerrero, en una entrevista con motivo de la concesión del Max de Honor que la SGAE le concedió ese año. La actriz barcelonesa ha fallecido en Madrid, ciudad en la que residía, a los 91 años; popular en los últimos tiempos gracias a su participación en series como ‘Aquí no hay quien viva’ o ‘La que se avecina’, estuvo casada con el también actor Fernando Guillén , con quien tuvo dos hijos, Fernando y Cayetana, igualmente intérpretes como sus padres. La carrera de Gemma Cuervo, sostenida hasta que la salud no le permitió continuar -con lo que no pudo nunca fue con su sonrisa-, se desarrolló en el teatro, el cine y la televisión. Las tablas fueron su primer escenario. Nacida en Barcelona el 22 de julio de 1934, comenzó su andadura profesional en el Teatro Universitario de Barcelona . Con él debutó con ‘El castigo sin venganza’, en 1957; con Adolfo Marsillach hizo ‘Harvey’ (1959), antes de incorporarse a la compañía Lope de Vega de José Tamayo, con el que trabajó en diversos montajes en el Teatro Español: ‘La Orestiada’ (1959), ‘La visita de la vieja dama’ (1959), ‘Don Juan Tenorio’ (1960) o ‘El avaro’ (1960). Durante la década de los años sesenta su presencia en los escenarios españoles fue constante hasta que en 1969 creó junto a Fernando Guillén su propia compañía ; su primera función fue ‘El malentendido’, de Albert Camus. años más tarde, Cayetana Guillén Cuervo puso en pie una nueva producción como homenaje a sus padres; desgraciadamente, el actor falleció poco antes de levantarse el telón. Vendría a continuación una etapa de un teatro muy comprometido : ‘La colección’ (1969), de Harold Pinter; ‘Todo en el jardín’ (1970), de Edward Albee; ‘La vida en un hilo’ (1972), de Luis Escobar y Edgar Neville; ‘Los secuestrados de Altona’ (1972), de Jean-Paul Sartre; ‘Macbett; Macbeth’ (1973), de Eugène Ionesco; ‘Diseño para mi vida’ (1974), de Nöel Coward; ‘Los comuneros’ (1974), de Ana Diosdado; o ‘María Estuardo’ (1975), de Friedrich Schiller. «¿Hacer teatro era una manera de resistir, de protestar en aquellos años?», se le preguntó en 2021 «Era una manera de educar -dijo Gemma Cuervo-: a nosotros mismos y al público. Porque el teatro es fundamental en las almas. Quienes van no se olvidan nunca, ni olvidan por qué han estado allí. El que es más sensible entra y lo ama ya para siempre y tiene hambre de teatro. Hay mucho que aprender de los textos teatrales y de las interpretaciones. Mucho». El último personaje que incorporó sobre el escenario fue la icónica protagonista de ‘La Celestina’, de Fernando de Rojas , en una versión de Eduardo Galán que dirigió Mariano de Paco Serrano. Su Celestina, dijo entonces la actriz, «es «brillante y risueña, pero también avariciosa y oscura de alma, aunque no de comportamiento ni habla». Cuando se le preguntó por algún personaje hecho o por hacer, contestó: He amado y amo completamente a todos mis personajes; todos los que he hecho son muy queridos. En unos he disfrutado más que en otros, unos son más brillantes que otros... Pero yo me siento feliz de haberlos hecho. No sé, 'Los hijos de Kennedy', por ejemplo, esa medio Marilyn Monroe que interpretaba, una pobre actriz en un bar y que soñaba con ser una estrella... Era un personaje muy bonito. Pero he hecho cosas tan clásicas y tan espléndidas culturalmente... He hecho a tantos autores, desde Plauto a Buero Vallejo... Llevo en el bolso un recordatorio que no acaba nunca... Maravilloso, media España está ahí». Aunque su presencia en la televisión, tanto en series como en espacios dramáticos como Estudio 1, fue constante desde el comienzo de su carera, logró gran popularidad en la pequeña pantalla en series como ‘Médico de familia’ (1995-1999), donde interpretaba a la suegra del protagonista, Emilio Aragón; y, sobre todo, en ‘ Aquí no hay quien viva ’ (2003-2006) y las primeras temporadas de ‘ La que se avecina ’ (2007-2010). Sus personajes, tiernos e ingenuos pero con su pizca de malicia, conquistaron al público. «Fue estupendo y muy divertido -dijo en una entrevista al hablar del primero de sus trabajos-. Yo al personaje le presté todo. Éramos tres y siempre estábamos juntas, aunque cada una era de una forma distinta. Nos llevábamos muy bien y era muy agradable trabajar juntas. Yo adoro mi profesión y es lo más hermoso de mi vida». No fue el cine su hábitat natural, pero intervino en varias decenas de películas: la última fue ‘La reina del convento’, con dirección de Carmen Perona Cabrera. En sus últimas apariciones públicas siempre estuvo acompañada por su hija Cayetana, « Te quiero, te admiro y te considero. Esas tres cosas nadie me las puede quitar», le dijo esta en su podcast ‘No te Cayes’. «¿Qué siente al pisar de nuevo este escenario?», se le preguntó en la citada entrevista sobre las tablas del María Guerrero, «Familiaridad y amor. Es lo que yo siento en un teatro, sobre todo en uno en el que he trabajado tantísimas veces, como es éste. Es un tesoro. Haberme podido dedicar a este arte me ha hecho muy feliz. Esta profesión es una cuesta arriba, y subirla es un esfuerzo, pero yo la he subido siempre feliz».