La pandemia causada por el COVID-19 redujo al mínimo el contacto físico y provocó algunos cambios de mentalidad y actitud que siguen presentes en la actualidad, como el método de pago en comercios y diversos establecimientos públicos. Si bien el uso de la tarjeta de crédito o el móvil para pagar lleva años entre nosotros, la práctica se consolidó durante la emergencia sanitaria para tratar de respetar las medidas de seguridad establecidas. En la actualidad, esta forma de pagar sigue más activa que nunca. De hecho, algunas personas apenas llevan dinero encima porque se decantan por la opción 'contactless'. Lo que algunas desconocen es el riesgo al que se exponen, y el experto en delitos tecnológicos y fraude Juan Carlos Galindo advierte de que el uso del móvil o la tarjeta marca la diferencia. Galindo explica que el 'wireless' funciona sin introducir la tarjeta. «Emitimos una radiofrecuencia que el datáfono recoge», precisa. Ese intercambio, aparentemente inocuo, esconde un punto débil clave: la identificación de la tarjeta. Según el experto, cuando pagamos con tarjeta, el sistema recoge «a través de una ID, por hacerlo fácil, una numeración« que siempre es la misma. Ese detalle es crucial, ya que «un malote nos podría, en un momento dado, clonar esa ID y no solo la tarjeta, sino la forma de comunicarse con los datáfonos». En otras palabras, no solo se replica la tarjeta, «sino la forma de comunicarse con los datáfonos», lo que abre la puerta a usos fraudulentos sin que el usuario lo detecte de inmediato. Por eso, avisa de que «cada vez que sacas tu tarjeta en un comercio, estás exponiendo tus datos más de lo necesario». Con el móvil, en cambio, esto no ocurre, ya que «el teléfono cada vez que se usa se comunica con una ID diferente». Cada transacción genera un identificador nuevo, lo que inutiliza cualquier intento de reutilizar los datos robados. Además, a diferencia de la tarjeta física, el móvil no muestra información sensible. «Mientras que tu tarjeta tiene los números impresos, tu móvil genera un código de un solo uso que no sirve de nada si alguien intenta robarlo», subraya. Galindo insiste en que no se trata solo de una cuestión de conveniencia tecnológica, sino de protección real frente al fraude. «Es comodidad, pero sobre todo, es protección», resume. Su consejo para lograrla es «configurar siempre el doble factor de autenticación y prioriza el móvil».