La evolución de los salarios en España podría ser mucho menos optimista de lo que sugieren algunos titulares. Aunque en los últimos años muchas empresas han aumentado las nóminas, una parte creciente de los trabajadores sigue teniendo dificultades para llegar a fin de mes, hasta el punto de verse obligada a buscar ingresos adicionales. Este diagnóstico lo ha expuesto el analista económico Marc Vidal durante su intervención en la sección 'Salida de emergencia' del programa Herrera en COPE. Vidal ha recordado que, según un estudio reciente de Randstad, el 63 % de las empresas ha subido los sueldos, pero al mismo tiempo cerca de 900.000 empleados necesitan un segundo empleo para sostener su nivel de vida. La explicación, señala el analista, está en no confundir salario nominal con salario real. «Cobrar más euros no sirve de gran cosa si la vivienda, la energía o la alimentación suben más rápido», ha advertido. Cuando los ingresos se ajustan al coste de la vida, el resultado es que el salario medio real apenas ha avanzado desde mediados de los años noventa, dejando el poder adquisitivo prácticamente estancado pese al crecimiento económico acumulado. El origen de este bloqueo es, según Vidal, la productividad. El experto sostiene que los salarios solo pueden crecer de forma sostenida cuando cada hora trabajada genera más valor. Sin embargo, la economía española se apoya en gran medida en actividades intensivas en mano de obra y de bajo valor añadido —como turismo, hostelería o construcción— donde la competencia se basa en precios bajos más que en innovación o tecnología. A este modelo se suma una estructura empresarial dominada por pequeñas compañías con poco capital y escasa inversión tecnológica. El analista recuerda que durante la burbuja inmobiliaria gran parte del crédito se dirigió al sector del ladrillo, en lugar de modernizar procesos productivos. El resultado fue un tejido empresarial endeudado y con poco margen para trasladar mejoras salariales de forma generalizada. Vidal también aborda el papel de la inmigración y del Salario Mínimo Interprofesional. Aclara que la llegada de mano de obra no ha creado el problema, aunque sí refuerza un modelo basado en competir por costes. En ese contexto, la subida del SMI mejora los sueldos más bajos, pero no altera el funcionamiento de fondo del mercado laboral. «Mientras el crecimiento siga apoyándose en empleo barato y no en productividad, los salarios reales seguirán atrapados, por mucho que las nóminas parezcan subir» , concluye.