La nieve había empezado a menguar en la capital madrileña cuando su alcalde hacía un primer balance de la situación. Acompañado de su núcleo duro, a las 12.00 horas del miércoles, José Luis Martínez-Almeida daba por finalizada la tormenta, aunque mantenía la alerta a los ciudadanos por las fuertes rachas de viento. Este era el único atisbo de alarma que transmitía en torno a un episodio que podría haber ocasionado un nuevo colapso como el que dejó Filomena hace cinco años. Precisamente, el regidor popular se hacía eco de este antecedente para sacar a relucir su gestión en esta nueva tormenta de enero. Y es que aunque las condiciones meteorológicas no eran las mismas que entonces, cualquier ciudadano que hubiera vivido Filomena podía ver inevitablemente interpelado su recuerdo. Hasta tres veces mencionó la borrasca que dejó la capital inmovilizada durante casi tres días: «Después del aprendizaje que supuso también Filomena… »; «esas lecciones que trajimos de Filomena…»; «hemos tomado nota de lo que sucedió en Filomena…». Con ello, el primer edil hacía de la necesidad virtud y daba la vuelta a una de las mayores crisis de gestión en su pasada legislatura. Ya no hablaba del colapso, sino del aprendizaje que decía haber extraído de aquel episodio. En su segunda etapa de mandato, el mensaje a los madrileños era que, gracias a la lección que dejó Filomena, Madrid estaba preparada. Tal es así que el ayuntamiento pudo triplicar en tan solo una hora sus efectivos para combatir la nieve y tuvo listas las bolsas de sal para los vecinos que las solicitaran en sus juntas de distrito. Tras la borrasca que pasó por Madrid hace un lustro, el consistorio ha desarrollado —según trasladó el propio alcalde— «una capacidad de reacción acorde a los nuevos medios» de los que se ha dotado la ciudad y sus servicios públicos municipales, lo que les ha permitido «multiplicar en un 150% en apenas una hora todas las máquinas quitanieves e incrementar hasta 5.600 los efectivos que están trabajando en retirar la nieve, colocar sal y prevenir las placas de hielo». Además, subrayaba que el número de llamadas a emergencias no superaba la veintena, «un número que está dentro de lo que es la media de un día normal de la ciudad de Madrid», y que apenas se habían registrado incidencias. La «más significativa» era la caída de un árbol en la M-30, a la altura de la avenida de San Luis. Según trasladó el alcalde, Samur había reportado actuaciones «normales». «Fundamentalmente, lo que se ha podido producir son caídas en aceras como consecuencia de que están resbaladizas, o accidentes que han sido alcances por la lluvia o por la nieve, que suelen ser más frecuentes en días como hoy, pero no han reportado que se hayan producido incidencias extraordinarias como consecuencia de la nevada», señalaba ante los medios. La movilidad, también a diferencia de aquel antecedente, funcionaba casi con normalidad. «No hay incidencias significativas en la ciudad, porque en este momento ya están abiertos todos los túneles, salvo el que es el anillo distribuidor de las Cuatro Torres, pero el resto de túneles de la ciudad de Madrid están abiertos y en condiciones de poder circular», celebraba al mediodía desde el Centro Integrado de Seguridad y Emergencias (Cisem), donde había seguido la evolución del temporal junto a la vicealcaldesa y delegada de Seguridad y Emergencias, Inma Sanz, y el delegado de Urbanismo, Medio Ambiente y Movilidad, Borja Carabante.