La chirigota del Bizcocho vuelve a caer de pie en el Gran Teatro Falla durante su actuación en la fase de preliminares del concurso de agrupaciones del Carnaval de Cádiz. Una vez más, el nombre de la chirigota sorprende al comenzar la actuación, ya que no guarda relación alguna con la temática . Si el año pasado eran los 'hermanos del Buen Fin', haciendo referencia a una secta y, en esta ocasión, han salido a escena caracterizados como saeteros, bajo el título Shhhh… Silencio. Subidos a un balcón , esperaban el momento de cantar una saeta a la imagen mientras contemplaban el paso de una cofradía. En el tipo de saetero lucían pijama con chaqueta con la camisa abierta, pañuelo al cuello, el pelo engominado hacia atrás y portaban la medalla de la hermandad, que servía como pito de carnaval. Mientras tanto, a ras de suelo, una escenografía en movimiento recreaba el discurrir de una cofradía, con nazarenos que iban pasando por debajo del balcón en el propio Gran Teatro Falla, dejando entrever que la procesión no ha terminado de pasar al completo: comenzaba con la cruz de guía y finalizaba con el cierre de un tramo portando una reliquia, un detalle muy presente hoy en día en numerosas hermandades. Incluso le dieron olor a la actuación al poner incienso sobre el escenario. La actuación se inició con el nombre 'Silencio', en clara referencia y a modo de homenaje de la chirigota del Bizcocho a la mítica sevillana de Pascual González y Cantores de Híspalis dedicada a Jesús Nazareno de la hermandad del Silencio, en una agrupación que nunca abandona el humor negro. En cada momento de la actuación, como hace un saetero, se santiguaban y abandonaban el balcón tras realizar el cante. No faltó el tono de humor y la actualidad, ya que uno de los cuplés abordó uno de los temas más comentados —y desgraciadamente polémicos— de los últimos meses: la fallida restauración del Arquillo de la Macarena . Una cuestión tratada a modo de guiño por muchas de las agrupaciones que están pasando este año por el Gran Teatro Falla. El cuplé remataba con un estribillo en clave humorística que achacaba a Canal Sur la presencia de tantos sevillanos en el Carnaval de Cádiz y de tantos gaditanos en la Semana Santa de Sevilla. Llamó la atención que, por primera vez, el popurrí incluyera cuartetas dedicadas a los cangrejeros que caminan delante de los pasos grabando continuamente, sin saber muy bien a dónde acabarán yendo esos vídeos, así como a la proliferación de cámaras de fotos que existen hoy en día para inmortalizar cualquier momento de la Semana Santa. No faltó la crítica humorística a la cantidad de extraordinarias y magnas que se celebran actualmente, así como a la sensación de que hay un paso nuevo en la calle cada cinco minutos, a las personas que acuden a ver cofradías solo para hacer botellón y a la incertidumbre sobre si salir o no a hacer estación de penitencia cuando aparece la lluvia , poniendo como ejemplo el Martes Santo, una de las jornadas más castigadas de la Semana Santa de Sevilla en los últimos años. Eso, seguido de las sillitas y paraguas que aparecen de repente, traídos por los vendedores ambulantes, suele ocurrir cuando menos te lo esperas. En definitiva, la chirigota hace un resumen humorístico de los problemas actuales en el mundo de las cofradías, tratándolos con ingenio y sátira, mezclados con otros asuntos que nada tienen que ver con la Semana Santa. Todo ello mezclado con la guasa propia de comentar esa voz ronca que ponen los saeteros al cantar, la ironía sobre cobrar sin cotizar por ser un evento religioso o entonar saetas dentro de sus propias letras desde un balcón, con sus correspondientes colgaduras o con la tradicional palma colocada en los balcones por la llegada de la Semana Santa, pero reinterpretada como Shhhh, pidiendo silencio, tal y como dicta la letra de esta chirigota.