Tras unos días de pausa y descanso, De la O reabre sus puertas en Triana con una nueva propuesta gastronómica que vuelve a mirar al cielo y al calendario. El restaurante de Manuel Llerena retoma su actividad apostando por el cambio de estación como hilo conductor, esta vez con la «Fórmula Solsticio de Invierno», un recorrido que invita a elegir entre la luz del día o la profundidad de la noche. Como ya es habitual en la casa, no se trata solo de un menú, sino de una experiencia pensada para ser vivida como un paseo sensorial, donde cada plato funciona como una parada que dialoga con el entorno, el producto y el momento del año. Diciembre acorta los días, alarga las noches y transforma el paisaje. Ese cambio natural es el punto de partida de esta nueva fórmula, que propone dos caminos distintos: uno luminoso y sereno , ligado al campo; otro más largo e intenso, inspirado en la costa y la noche. Dos maneras de sentarse a la mesa que comparten una misma filosofía: producto de temporada, técnica medida y una cocina que busca equilibrio y coherencia. La Fórmula Corta, pensada para el mediodía, se articula como un recorrido por sabores cálidos y envolventes, con cinco paradas que miran a la tierra y a la cocina de fondo invernal. El paseo comienza con un paté de pollo y calabaza, continúa con una milhoja de espinacas y ricotta y se adentra en terrenos más profundos con un civet de ciervo y ciruelas. Le sigue una brocheta de ibérico con manzana, antes de cerrar con una mousse de PX y frutos rojos. Un menú que combina suavidad, intensidad y guiños dulces sin perder el hilo del producto. Para la noche, De la O propone la Fórmula Larga , un menú más amplio que recorre el litoral y los sabores marinos desde una mirada invernal y precisa. El arranque es lúdico, con un dúo de cupcake y pionono , antes de pasar a un taco de pulpo con patata y un gazpachuelo de corvina y manzana que conecta tradición y frescura. Continúan un marinado de salmón con cítricos y un bacalao braseado con coliflor, para terminar con un sorbete de maracuyá y frambuesa que limpia y equilibra el conjunto. Con esta nueva fórmula, De la O reafirma su manera de entender la gastronomía: una cocina que no corre, que observa el entorno y que se adapta al ritmo de las estaciones. El restaurante, ubicado bajo el Puente del Cachorro y con el Guadalquivir como telón de fondo, vuelve así a ofrecer una experiencia donde el paisaje, la cerámica, la mesa y el plato hablan el mismo idioma. Tras el paréntesis vacacional, el proyecto regresa con una propuesta que no busca sorprender por exceso, sino por coherencia. Una invitación a sentarse, elegir día o noche, y dejar que el invierno marque el camino.