La opacidad con la que el PSOE sigue gestionando al menos 42 denuncias por acoso presentadas en solo seis meses retrata una crisis interna que el partido se empeña en esconder. Desde que estalló el caso de Paco Salazar, asesor del círculo íntimo de Pedro Sánchez, el goteo de acusaciones ha alcanzado a cargos de todos los niveles –de concejales a senadores–, sin que se active un protocolo eficaz ni se informe con transparencia. El sistema CADE, que nació en Ferraz como herramienta para luchar contra estos abusos, se ha convertido en un teléfono 'escacharrado' de la cúpula socialista. La dirección, con Sánchez, Cristina Narbona y Pilar Bernabé al frente, ha respondido con tibieza, manteniendo en sus filas a algunos de los implicados. Que el PSOE solo actúe cuando un medio publica la denuncia refleja no solo una falta de liderazgo ético, sino un grave incumplimiento de su propio código interno. El PSOE, que se reclama feminista, debe estar a la altura de sus principios, no solo de sus intereses.